Ejemplos ?
El delito de asistir a los absurdos establecimientos de la enseñanza burocrática merece la penitencia del banquillo fatal, pero no es ese muchacho asustado el que debe sufrirla.
Los literatos alemanes procedieron con la literatura francesa profana de un modo inverso. Lo que hicieron fue empalmar sus absurdos filosóficos a los originales franceses.
Si el hombre no hubiera sido constantemente combatido por las preocupaciones y los errores, y si un millón de causas que se han sucedido sin cesar, no hubiesen grabado en él una multitud de conocimientos y de absurdos, no veríamos, en lugar de aquella celeste y majestuosa simplicidad que el autor de la naturaleza le imprimió, el deforme contraste de la pasión que cree que razona cuando el entendimiento está en delirio.
Decano Gobernador interino del Consejo se ha comunicado á la Sala con fecha 6 del corriente una orden, manifestando haber llegado á sus manos un papel impreso en pliego á lo largo en una cara á dos columnas, que segun su contenido en una proclama á los Catalanes, posterior a la llegada del REY nuestro Señor á Tarragona, y por la cual se intenta también sublevar á los Castellanos, moviéndoles á que hagan causa comun con los revoltosos de Cataluña, á cuyo fin se siembran en el tal papel los principios mas absurdos y las calumnias mas atroces.
Consiguiente a esta formal declaración, ha resuelto igualmente el Consejo que en todos los parajes de esos dominios donde no estuviere proclamado, y fuere costumbre, se ejecute la proclamación de nuestro amado señor don Fernando VII con arreglo al ejemplar de la Real Cédula de 10 de abril, que se dirigió a este fin, quedando sin efecto las de 20 de mayo, 14 y 17 de junio último, en que se comunicó la renuncia a la Corona hecha por dicho señor don Fernando VII en su padre el señor don Carlos IV, la de éste en el Emperador de los franceses, la proclama del mismo Emperador declarando por Rey de España y de las Indias a su hermano José Bonaparte, y la aceptación de éste, cuyos actos, como dictados por la opresión y violencia, son absurdos...
Por primera vez en estas paginas, nombro a César Paz, mi amigo querido, aquel que me contaba sus esperanzas y oía las mías, aquel hombre leal, fuerte y generoso, bravo como el acero, elegante y distinguido, aquel que más tarde debía morir en el vigor de la adolescencia por uno de esos caprichos absurdos del destino, que arrancan del alma la blasfemia profunda...
La ley de los carneros de Dindenault es la suprema ley. Nuestra existencia es un tejido de absurdos y de cobardías. El traje, la casa, el lenguaje, el ademán; el modo de entender la amistad, el amor y las demás relaciones sociales; las nociones de respeto, honor, patriotismo, derecho, deber; lo que, en una palabra, constituye el ambiente humano, está repleto de contradicciones humillantes, pintarrajeado con los grotescos residuos de un pasado semisalvaje, mutilado en fin de todo lo que signifique unidad y armonía.
Pero tengo la manía de la lógica, y de aquí por qué en lo físico me desorientan los tropezones y en lo moral me crispan los absurdos.
Que se diga que si no tuviera huesos ni nervios y otras cosas parecidas no podría hacer lo que juzgara a propósito, pase; pero decir que estos huesos y estos nervios son la causa de lo que hago y no la elección de lo que es mejor y que para esto me sirvo de mi inteligencia, es el mayor de los absurdos; porque es no saber hacer la diferencia de que una es la causa y otra la cosa, sin la cual la causa jamás sería causa; y, no obstante, es esta otra cosa la que el pueblo, que siempre va a tientas, como en las más espesas tinieblas, toma por la verdadera causa y se engaña a sí mismo dándole dicho nombre.
Ofrecen engrosar más aún los absurdos muros con los que pretenden frenar la búsqueda de vida que lleva a millones de mexicanos a intentar cruzar la frontera norte.
Yo no sé si Alberto se lanzó ó no en esa candente arena de la política, matadora de las ilusiones y del entusiasmo, vida en que, a la postre, se ostenta joven la faz y anciano el corazón; vida de prosa y materialismo, vida de ideales, absurdos casi siempre, y en la que, como el médico que armado de escalpelo intenta adueñarse de los misterios del organismo humano, sólo se cosechan decepciones.
"Llevado por mi optimismo en la verificación de estos propósitos, reitero en esta ocasión solemne el llamado que vengo haciendo a todas las clases sociales de la República, desde los comienzos de la Administración que presido, para que, rompiendo absurdos prejuicios, abandonando rancias ideas y librándose de preservas influencias que quisieran ver aherrojado el espíritu de la niñez, acepten y proclamen los postulados de la enseñanza socialista, cuyo contenido moral garantizamos los hombres de la Revolución con el porvenir de nuestros propios hijos.