Ejemplos ?
Así le arrancaron a ese pueblo, nuestro pueblo original e indígena, el verdadero dueño de estas tierras donde vivimos los mexicanos, la voluntad para vivir perfeccionándose: HUITZILOPOCHTLI; el espejo ahumeante de la memoria de nuestro pasado: TEZCATLIPOCA; la elevada inteligencia creadora, serpiente emplumada, QUETZALCOATL, y nos dejaron hundidos en el mayor de los daños: La indiferencia, la abulia, la inercia, la desconfianza.
Parece como si el genio dolorido y reconcentrado tirase del velo que decora las apariencias y viéramos de pronto que la vida consiste en unos como vórtices o ráfagas, o torrentes elementales que arrastran en giros dantescos a los individuos; y esas corrientes son la borrachera, la avaricia, la amencia, la abulia, la ingenuidad, el erotismo, la perversión, el miedo.
Un homenaje emocionado a esos niños que no tuvieron oportunidad de ser jóvenes; a esos jóvenes que en la guerra se hicieron adultos; a esas madres que lloraron a unos y apoyaron a otros; a esos padres que olvidaron su abulia y se entregaron a la lucha de sus hijos guerrilleros para apoyarlos y para impulsarlos.
Una educación neohumanística trasciende las miopías sectaristas de los convencionalismos y conveniencias sociales feudales y burguesas, y más allá del poder, de los intereses creados y los lucimientos personales enmascarados, avanza en su consideración holística de los grandes valores de la humanidad para desenvolverlos al máximo, sean quienes sean los educandos, en bien de nuestras colectividades estancadas en la ignorancia, en la abulia, en la irresponsabilidad, en la vulgaridad comercial del “rating”, en los detentadores de los poderes fugaces o en el paternalismo o maternalismo castrantes.
Carecemos de la rica experiencia que sacaban los castizos aventureros de nuestra edad del oro de sus correrías por Flandes, Italia, América, y otras tierras, aquellos que vertían en sus producciones el fruto de una vida agitadísima de incesan tráfago, y no sustituimos esta experiencia con otra alguna. Hay abulia para el trabajo modesto y la investigación directa, lenta y sosegada.
Cuando se apoderaba de él la fiebre del trabajo era capaz de desplegar una energía sin parangón; pero a trechos y con puntualidad fatal, caía en un extraño estado de abulia, y entonces, y durante días, permanecía extendido sobre el sofá de la sala de estar, sin mover apenas un músculo o pronunciar palabra de la mañana a la noche.
Y es que, muchos antes de que Oniox aparecie-ra en la imaginería universal, por más distrac-ciones que se habían proporcionado durante milenios a los cosmonautas en sus vuelos, nunca se había podido evitar la llegada del instante en donde una como abulia los atormentaba y les producía con amplia frecuencia un sopor de ensueños, tan intenso, después descubierto como la enfermedad de los cosmonautas, que aún a pesar de tantos intentos evitadores, se adueñaba de ellos y no lograban despertarse más, sino hasta el final del viaje, por lo cual resultaba tan agotante, que quedaban postrados años enteros, de por vida a veces, víctimas de la somnolencia.
El adolescente, aunado a los conflictos de su edad, a las transformaciones somato fisiológicas y al choque inicial con el mundo convencionalizado de los adultos, al no encontrar lo que esperaba, siente poco estimulantes las situaciones de clase y de estudio, sucumbe ante la marabunta de erudiciones que le recargan y lo que debía haber sido alegría por saber, se transforma en abulia, en poco apego a los libros y a veces, en completo rechazo.
Los elegidos por HUITZILOPOCHTLI comprendieron que el avanzar es difícil y que hay mucho por luchar para obtener el éxito, aunque aún así, la guerra con uno mismo debe seguir para perfeccionarse cada día más y más. La abulia, la inactividad, la distracción excesiva eran los enemigos mayores del ascenso humano.
qué honda pesadumbre los naufraga, envidia; qué trabajo fracasado y mugre, rutina; qué esperanza ultrajada de no ser más que una gota estancada en la prisión de los sistemas paralíticos, abulia y en el charco que se pudre, amargura.
Existencialistas inconscientes navegan sin velas y sin anclas. b) Abulia: Si no hay valoración justa, sensible e inteligente, no hay motivo para hacer de modo adecuado los compromisos.
Sin embargo, a pesar que la escuela, desde hace casi un siglo, ha intentado ponerse al ritmo del progreso en las ciencias psicopedagógicas, en las del lenguaje y en las tecnologías, por desgracia o por abulia...