acémila


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Sinónimos para acémila

asno

Sinónimos

Sinónimos para acémila

Ejemplos ?
-¡Toma aquí, Zama! -dijo el moro a su cansada esposa, como si hablase con una acémila. Y, en lugar de dirigirse al Oeste, o sea hacia el Boquete de Anghera, en busca del sabio santón, según había dicho a D.
De manera que hasta ese Catón se ha pasado al moro; no hay más que hechos... don Cipriano es un hecho... y se ha casado con una acémila rica... y hasta tiene hijos...
Se arrastra penosamente bajo el peso que le abruma. A eso se reduce la estúpida faena del yerbal, a la de una acémila que hocicara ante su sendero de retorno.
Para llegar a Providencia se va caminando o en caballo desde Yaulicachi, donde termina la carretera; haciendo una travesía de 6 horas en acémila o caminando.
La llegada del Ferrocarril a Ayaviri, trajo un progreso efectivo a la localidad, covirtiéndola en un centro comercial, cultural y social con la formación de los centros educativos, culturales, deportivos y sociales, así como artístico, siendo reconocida como tierra de artistas y poetas convirtiéndose en el pueblo más concurrido de los pueblos del norte del departamento de Puno, naciendo un sentimiento separatista de la provincia de Lampa a favor de Ayaviri por la cercanía de todos los distritos norteños a la ciudad de Ayaviri, pues muchos están solamente a cinco horas en acémila a la ciudad de Ayaviri y tres horas en movilidad por carretera.
El escudo municipal tiene forma de escudo de la edad media, con fondo color azul cielo dividido en cuatro campos y tiene las siguientes características: 1.- En la parte superior izquierda se encuentra la imagen de un Macho (acémila) del cual proviene el nombre del municipio.
La novedad cundió en el lugar, cuando un humilde labriego servidor de un hacendado español avistó la acémila de tan llamativas condiciones, rápidamente corrió a dar cuenta a su amo a la vez que a cuanta persona encontraba a su paso, con abultados caracteres daba referencia de la presencia del albo y brioso animal, pronto el vecindario de esa modesta poblada, en multitud hizo su presencia en el lugar de la aparición poseídos de la más viva inquietud.
La determinación que transitoriamente se había tomado para aguardar con santa paciencia la presentación de quienes acreditaran pertenencia de la acémila y los sagrados bultos, sobrevino la consideración que se traba de un acto portentoso y que sencillamente en el asunto estaba en juego la voluntad de Dios.
Fue en ese momento cuando la característica ambición humana afloró en alguno de los vecinos y entonces insinuó que se hiciera el truque de las efigies, en razón que la que correspondía al Valle de Sama era de mayores dimensiones, y como siempre somos susceptibles al pecado, la insinuación así lanzada cundió en el ánimo de los pobladores y todos al unísono jubilosamente clamaron: "¡Claro, el Señor más grande que se quede con nosotros...!" La voluntad del pueblo estaba dispuesta y no hubo ni podía haber intención humana para disuadir ese propósito, la urna fue debidamente asegurada y mejor acondicionada sobre el lomo de la acémila para que en las mejores condiciones iniciara el viaje...
Juan Calabazas, llamado también Calabacillas y El Bizco, documentado en 1630 al servicio del cardenal-infante Fernando de Austria y desde 1632 en la corte de Felipe IV, debió de ser bufón de excelente reputación a juzgar por el elevado sueldo que percibía además de disfrutar de carruaje, mula y acémila.
La acémila en referencia recibió la carga y reanudo la marcha; pero corroborándose la situación anterior, cuando no alcanzaba a transponer una distancia mayor a unos 300 metros, también se advirtieron en el animal las mismas dificultades y finalmente las mismas consecuencias.
Partió del puerto del Callao, estuvo a punto de naufragar en la isla de Gorgona, cruzó a lomos de acémila el istmo de Panamá, llegó a Cartagena de Indias, para tomar la ruta de los galeones hasta La Habana y las Azores, donde un marinero portugués le salvó la vida antes de llegar a Lisboa.