academia


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Sinónimos para academia

Sinónimos para academia

Ejemplos ?
El vizconde de La Tremisiniére, premiado por la Academia como autor de un estudio sobre uno de sus abuelos, compañero de Conde, y muy apreciado por los anticuarios de la orilla izquierda del Sena, que le colocaban todos los lienzos malos de sus almacenes, le llamaba Velásques, satisfecho de que la color morena y ligeramente verdosa del conde, el negro y empinado bigote y los ojos graves, le proporcionaban ocasión de lucir sus grandes conocimientos en pintura española.
Ya contamos hoy con una sede digna para la capacitación de los mandos superiores de la Fuerza Pública y el proceso de construcción de la Academia Nacional de Policía en Pococí de Limón, se iniciará este mismo año.
Los guardiaciviles del camino se quedarán atónitos cuando, en mis andaduras por venir, a su pregunta de si llevo o si traigo papeles responda alargándoles una tarjeta en la que, con letra de bulto, se diga: Camilo José Cela, de la Real Academia Española.
Los desacuerdos entre la Comisión Peruana y la Brasilera, que no queden resueltos amigablemente por los dos Gobiernos, serán sometidos a la decisión arbitral de tres miembros de la Academia de Ciencias del Instituto de Francia ó de la Royal Geographical Society de Londres, escogidos por el Presidente de una ú otra de ésas corporaciones.
Finalmente, en ocasión de recordarse el sesquicentenario de la fundación del Instituto, se resolvió hacer un ciclo de conferencias sobre la personalidad de algunas figuras destacadas de esta academia, serie que integra la exposición que haré seguidamente sobre Felipe Ferreiro que honró al Instituto como académico de número, secretario bibliotecario, presidente y miembro de honor.
Me valgo aquí de los archivos del Instituto, sus obras publicadas, algunas de las cuales, en sus primeras ediciones poseo en mi biblioteca, las reediciones que ordenó su hijo, nuestro colega y amigo Hernán Ferreiro, con el título “La disgregación del Reyno de Indias” que editó Barreiro y, también a su cuidado, los “Estudios Históricos e Internacionales” que incluyó en sus series el Instituto Artigas del Servicio Exterior dirigido entonces por el señor Héctor Gros Espiell, numerario de esta Academia.
Al año siguiente se celebró el II Congreso Internacional de Historia de América, también en Buenos Aires; el doctor Ferreiro presidió una importante delegación del Instituto – a la que se refirió la Memoria – y presentó una ponencia sobre las Ideas e Ideales de los Partidos y Tendencias que actúan en el Campo de lo Político del Reino de Indias, fue publicada en 1938 por la Academia argentina.
Sin perjuicio del interés de la obra en sí misma, destaco en el volumen cuatro aspectos: :1º) La consideración permanente que hace el doctor Ferreiro del Instituto como academia de historia y geografía.
Examinó con espíritu crítico la historiografía que se había ocupado del período hispánico y de la revolución a la que llamó historia clásica en la acepción de la Academia, de adjetivo que califica al autor o a la obra que se tiene por modelo digno de imitación en cualquier literatura o arte.
Como es bien sabido (con sospechas de imperialismos anglófonos), la decisión de la Real Academia Española de reorganizar las clasificaciones alfabéticas de diccionarios, enciclopedias y otros instrumentos de consulta a la antigua y tradicional manera latina, y sobre todo medieval, donde no había el fonema /ch/ ni su representación gráfica, “letra ch” ni el inciso respectivo, produjo una serie de alarmismos, como el de que la “ch” ya no existía.
Para los lingüistas resulta gozoso encontrar en tal texto, un inventario léxico que la honorable Academia de la Lengua ni sospecha, pero que probablemente consignará en la edición siglo XXV de su diccionario sin sección “ch”, devorada ya ésta por el monopolio de la “c”, cuando esas palabras se encuentren en desuso y la Internet sea más cómoda para su localización.
María Antonieta era cándida y egoísta como una niña, y en todos sus tránsitos se olvidaba de mí: En tales momentos, con los senos palpitantes como dos palomas blancas, con los ojos nublados, con la boca entreabierta mostrando la fresca blancura de los dientes entre las rosas encendidas de los labios, era de una incomparable belleza sensual y fecunda. Muy saturada de literatura y de Academia Veneciana.