acariciar

(redireccionado de acarició)
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  • verbo

Sinónimos para acariciar

halagar

Sinónimos

Ejemplos ?
El señor Paco se puso pálido, y pálido y tembloroso echó mano al bolsillo, acarició dentro de éste con sus dedos crispados los billetes y haciendo un esfuerzo supremo se los alargó al carnicero sin pronunciar una palabra.
Caracas no era sino un pueblo grande —un poco más grande que aquel destruido por los Luzardos al destruirse entre sí—, con mil puertas espirituales abiertas al asalto de los hombres de presa, algo muy distante todavía de la ciudad ideal, complicada y perfecta como un cerebro, adonde toda excitación va a convertirse en idea y de donde toda reacción que parte lleva el sello de la eficacia consciente, y como este ideal sólo parecía realizarlo en la vieja y civilizada Europa, acarició el propósito de expatriarse definitivamente, en cuanto concluyera sus estudios universitarios.
Como la madre en el regazo encubre al hijo tierno, y con alegre risa pone en sus labios la repleta ubre, así naturaleza, a la indecisa luz de la tarde, acarició mi frente con los besos callados de la brisa.
-Todas lo podemos asegurar -exclamaron las madres a un tiempo. Campaneó el visitador la cabeza y se acarició el chorro de plata de las fluviales barbas, meditabundo.
Le querré mucho. Manuelita me puso encima de la cama y su hermanita me acarició. Yo salté sobre su hombro; después pasé a la almohada, y luego me coloqué sobre su cabeza.
Bajando en raudo vuelo de las cumbres del Olimpo llegó a la tienda de su hijo: éste gemía sin cesar, y sus compañeros se ocupaban diligentemente en preparar la comida, habiendo inmolado una gran de y lanuda oveja. La veneranda madre se sentó muy cerca del héroe, le acarició con la mano y hablóle en estos términos: —¡Hijo mío!
Al observar el susto del muchacho, la gorda se acercó, le acarició, le tranquilizó a su manera, explicándole de qué se trataba, y cómo después del «trabajo» vendría el bel douro, la moneta, sai, carino...
Le di la mano. Después de un momento de duda fui y besé a mi madre; ella me besó y me acarició dulcemente en el hombro. Después se volvió a sentar con su labor.
Después de soltar esta arenga sin tomar aliento y con extraordinaria animación, míster Peggotty puso sus enormes manos a cada lado del rostro de su sobrina y la besó una docena de veces; después, con orgullo y cariño, apoyó la cabecita sobre su fuerte pecho y le acarició los cabellos con dulzura de mujer.
Sacó luego un peine de su bolsillo, los peinó, los desenredó, los acarició y besó, entremezclando cada acción con elogios sobre la belleza de aquella cabellera, que era lo único que le ocupaba.
El caballero me acarició la cabeza, pero no sé por qué no me gustaban ni él ni su voz profunda, y tenía como celos de que su mano tocara la de mi madre mientras me acariciaba.
Por lo tanto, es lo mismo. Me lanzó una mirada, y la mano de míster Mell me acarició cariñosamente el hombro. Le miré con rubor en mi rostro y remordimiento en el corazón; pero los ojos de míster Mell estaban fijos en Steerforth.