acariciar


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  • verbo

Sinónimos para acariciar

halagar

Sinónimos

Ejemplos ?
Y me estrecho en amores con la idea, sauce estremecido en sus delirios, agitado por febreros que concluyen sus labores invernales fecundándolo. Seré flama para incinerar tus huertos, aroma para acariciar tus sueños y agua para humedecer tus yermos.
Atravesaban por valles agitados y serenos a la vez. El viento, atrevido e inconfigurable, nada dejaba de acariciar o de herir. Parecía que todo era recién nacido y un aliento de fragancias despertara en los verdores de colinas y praderas.
Por fin, luego de la tentadora seducción provocada por un pastelillo, la mujer lo pudo coger y como no era muy grande, lo levantó entre sus brazos para llevarlo hasta un automóvil. El perrillo como que se dejaba acariciar tembloroso y se entregaba en lánguido abandono a la mujer.
Frente al ancho crepúsculo de invierno yo torcía las ramas gozando de los ritmos ignorados entre la brisa helada. Sentí sobre mis brazos dulces nidos, acariciar de alas, y sentí mil abejas campesinas que en mis dedos zumbaban.
El día señalado para la lidia apenas si se dejaba probar bo- cado al animalito, porque recelaban que, con el buche lleno anduviese pesado en su vuelo y movimientos. Aquel día no cesaba el dueño de acariciar á su dije.
Ramona, la madre, con aquel refinamiento de la asistencia médica, empezó a acariciar una esperanza loca, de puro lujo: la de sanar, o mejorar algo a lo menos, gracias a dar el pulso a palpar y enseñarle la lengua al doctor, y gracias, sobre todo, a los jarabes de la botica.
Íbase a sus negocios, que eran pocos, y con brevedad daba la vuelta; y, encerrándose, se entretenía en regalar a su esposa y acariciar a sus criadas, que todas le querían bien, por ser de condición llana y agradable, y, sobre todo, por mostrarse tan liberal con todas.
Avanzó la baronesa. Las patas delicadas y nerviosas de Sun parecen acariciar la arena de la pista... Una inquietud misteriosa altera la marcha del noble bruto.
Rosalía tuvo necesidad de sentarse: un sudor frío y copioso la inundó toda; la sangre martillaba en sus sienes con ritmo febril; sus manos ardían húmedas y viscosas, su pecho se negaba a recibir aquellas ráfagas de aire puro que al acariciar su rostro, antojábasele a ella que la azotaba como con látigos invisibles.
-Sí, contestó el hijo, está atascada y saciada. Mas queriendo el padre asegurarse por sí mismo, fue al establo y se puso a acariciar a su querido animal, diciéndole.
Vivió sordo al interés mezquino y a las especulaciones del cálculo egoísta y destructor, y, solamente amó y sirvió a su Patria Chica, con aquella noble abnegación que constituye el culto santo: únicamente con el anhelo febril de verla progresista, culta y grande, ungida gloriosamente a la categoría de Cantón, porque así, este ilustre hijo de Pinas, se rendía con todo el cariño para acariciar la maternal querencia que lo vio nacer.
La cigüeña se dejó acariciar y mostró la satisfacción y el gusto que aquellas nobles caricias le causaban, entornando los párpados como si se adormeciese y restregando suavemente el largo cuello sobre la vestidura de la linda dama.