acerar

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  • verbo

Sinónimos para acerar

fortalecer

Sinónimos para acerar

Ejemplos ?
Durante sus once años como director del Cornhill Magazine (1871-82), además de tres incisivos y acerados volúmenes de estudios críticos, reimpresos principalmente por el Cornhill bajo el título de Horas en una biblioteca (1874; 1876; 1879), y de algunos Ensayos sobre el libre pensamiento y el hablar claro (1873/1897), que incluían el muy llamativo Cinco duros minutos en los Alpes (reimpreso por el Fraser's y por la Fortnightly Review en 1873), hizo dos valiosas contribuciones a la historia y la teoría filosóficas: la Historia del pensamiento inglés en el siglo XVIII (1876/1881) y La ciencia de la ética (1882); el segundo de estos volúmenes fue ampliamente adoptado como libro de texto sobre el tema.
El general Federico Ponce Vaides estuvo en el poder únicamente durante ciento diez días y continuó con el uso de métodos típicos de regímenes autoritarios, dando instrucciones a la policía de atacar a sus adversarios. En aquellos días, El Imparcial publicó acerados editoriales contra las intenciones de Ponce Vaides de perpetuarse en el poder.
El destino del fosfoyeso, una vez desechado por la actividad industrial, suele ser el apilamiento en balsas con gran impacto paisajístico, aunque recientemente se ha investigado para posibles usos como: relleno del pavimento de carreteras y acerados, recubrimiento en vertederos, acondicionador del terreno de cultivo, fabricación de tejas y lozas, fabricación de arrecifes artificiales.
En esta forma, los CAÑARIS, a través de los años, llegaron a consolidar y a hacer respetables los inalienables derechos territoriales que, en la Provincia de El Oro, les correspondía por derecho y justicia, enalteciendo a través de la Historia de sus pueblos, los testimonios valiosos de la cultura "mayoide", que se enraizó profundamente en la tierra con una prodigiosa mezcla de cuerpos e ideas; de nobles gestas patrióticas y episodios rebeldes; de índicas glorias y acerados nervios.
Y yo, que me siento mordido por algo más doloroso y en el sitio más sensible, llámesele corazón, alma o como se quiera, yo que he sido mordido y estoy herido por los discursos de la filosofía, cuyos dardos son más acerados que el dardo de una víbora, cuando alcanzan a un alma joven y bien nacida y la hacen decir o hacer mil cosas extravagantes; viendo en derredor mío a Phaidros, Agatón, Eryximacos, Pausanias y Aristodemos, sin contar a Sócrates y a los otros, afectados como yo de la locura y la rabia de la filosofía, no cavilo en proseguir delante de vosotros el relato de aquella noche, porque sabréis excusar mis actos y a todo hombre profano y al sin cultura cerradle con triple candado los oídos.
-¿Y se puée saber qué es lo que viene usté a buscar en esta casa? -le preguntó a su vez Rosario con los brazos en jarra y mirándole como si pretendiera convertir sus ojos en acerados látigos.
Si esa tu reposada condición tuviera Aquiles, bien seguro estuviera Ulises de no salir con su empresa, aunque más le mostrara resplandecientes armas y acerados alfanjes.
Entonces empezó sobre el pobre Cortez un fuego graneado que lo mató a pausas; y por encima de su cuerpo palpitante pasó el ejército, acabando de mutilarlo los acerados cascos de los caballos.
De repente llegó a mis oídos, lejano, pero distinto, aterrador, el grito salvaje del hombre color de cobre; y a poco, un grupo de jinetes pasó cerca de mí, haciendo chispear los guijarros con los acerados cascos de sus caballos.
E in­cluso la primera vez que hizo representar una obra no partió en guerra contra el común de los mortales sino que atacó con furor de Heracles a los más grandes y, en su primer ensayo, tuvo la audacia de medir sus fuerzas con el monstruo de acerados colmillos, ese monstruo cuyos ojos, como los de Cinna lanzaban miradas de terribles fulgores mientras que cien cabezas de cortesanas, con dolorosas súplicas le lamían el cráneo puestas en círculo.
Nació así, el socialismo feudal, una mezcla de lamento, eco del pasado y rumor sordo del porvenir; un socialismo que de vez en cuando asestaba a la burguesía un golpe en medio del corazón con sus juicios sardónicos y acerados, pero que casi siempre movía a risa por su total incapacidad para comprender la marcha de la historia moderna.
El curvo sobrecejo de Apolo era como el orbe del sol creciente sobre un monte al amanecer, y sus pies eran como las alas de la mañana, pero él había sido cruel con Marsias y había dejado a Niobe sin hijos; en los acerados escudos de los ojos de Palas no había habido piedad para Aracne; Hera no tuvo en verdad más cosa noble que su pompa y sus pavones, y el propio Padre de los Dioses había sido demasiado aficionado a las hijas de los hombres.