acercar

(redireccionado de acercara)
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  • all
  • verbo

Sinónimos para acercar

aproximar

Antónimos

Sinónimos para acercar

Ejemplos ?
En ese punto, el magnífico escenario quedó despojado de vida; ya no se veían aquellos pececillos bailarines, tampoco la bella vegetación submarina; todo había quedado desierto como si algo monstruoso se acercara.
De inmediato la vi en su gran exhibidor -vestida discreta, pero con gran elegancia, según la moda de su época -y sin perder las sonrisas, ni ella ni yo, me indicó que me acercara.
Llegado al toldo, saludó a una chinita que pisaba maíz y aguardó que se acercara su hombre, que, dejando, un azulejo a medio tusar, venía a ponerse a la orden.
Una tormenta de las de deveras, pero se veía tan lejana e inofensiva que el viejo Antonio empezó a liar un cigarrillo y a buscar inútilmente un encendedor que no tenía, sólo el tiempo suficiente para que yo le acercara el mío.
A una de las ventanas, que estaba abierta, se acercó por la parte de fuera un hombre mal encarado, vestido pobremente y con un fuerte garrote en la mano. Hizo seña a Juanito de que se acercara y le preguntó, cuando el muchacho estuvo próximo, donde se encontraba su padre.
Gozalago al ver que Muchavoz se moría, adelantóse e hirió a Habitagujeros en el delicado cuello con una piedra como de molino y a éste la oscuridad le veló los ojos. Grandemente apesarado Albahaquero hirió al ratón con el aguzado junco, sin que luego se le acercara para recobrar la lanza.
Entonces el rey y la reina, después de haber besado a su hija sin que despertara, salieron del castillo y mandaron publicar un edicto prohibiendo que persona alguna, fuese cual fuere su condición, se acercara al edificio.
Héctor fue a encontrar al glorioso Ayante; y luchando los dos por un navío, ni Héctor conseguía arredrar a Ayante y pegar fuego a los bajeles, ni Ayante lograba rechazar a Héctor desde que un dios lo acercara al campamento.
Aquí me hizo signos de que me acercara, y hablándome al oído: «El mundo está loco, loco de atar, hijo mío», dijo míster Dick cogiendo tabaco de una caja redonda que había encima de la mesa y riendo de todo corazón.
Recuerdo sobre todo a un joven latonero ambulante lo recuerdo con su mochila y su rejuela; le acompañaba una mujer, y me miró de un modo tan terrible y me gritó de tal modo que me acercara, que me detuve y me volví a mirarle.
En efecto ¿qué derechos tenía yo en la existencia de esa mujer a quien un caso fortuito me acercara durante un espacio de pocos minutos?
Y había otro, un tal Tommy Traddles, de quien temía que se acercara como distraído y después hiciera como que se asustaba de encontrarse a mi lado.