acostar

(redireccionado de acostó)
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Sinónimos para acostar

Sinónimos para acostar

Ejemplos ?
Y lo que dice la muestra de escribir, que los libros buenos son como los viejos: "Un libro bueno es lo mismo que un amigo viejo": eso dice la muestra de escribir. Nené se acostó muy callada, pensando en el libro.
A cada día bástele su cuidado. Ahora, a la cama.» Y se acostó. Y ya en la cama siguió diciéndose: «Pues el caso es que he estado aburriéndome sin saberlo, y dos mortales años...
El vino le supo bien, aunque no era muy dulce, y sintió no haber podido saborearlo mejor por la intranquilidad en que estuvo temiendo que le vieran. Se fue a su alcoba y se acostó.
Y duró esta situación hasta que, por azares de la politiquilla local, el duque de la Morería, ya casado, protegió otros Juegos florales y fue nombrada otra Reina joven. Aquel día, Mari-Virginia se acostó quejándose de un dolor que la molestaba, no sabía dónde; acaso dentro; en el alma quizás.
Otro que se acostó teniendo puesta una camisa húmeda creyó ser arrastrado por la impetuosa corriente de un río. Un sujeto en el que durante la noche se inició un ataque de podagra soñó que la Inquisición le sometía al tormento del potro (Macnish).» La hipótesis explicativa basada en la analogía entre el estímulo y el contenido del sujeto queda reforzada por la posibilidad de engendrar en el durmiente, sometiéndole a determinados estímulos sensoriales, sueños correspondientes a los mismos.
El emisario partió, los frailes acompañaron al supuesto peregrino a una gran celda y, dejándole allí numerosas provisiones, se alejaron. Roger echó el cerrojo a su puerta, cenó opíparamente y se acostó después.
A las once se retiraron a sus habitaciones donde no tardaron en dormirse Pedro y Romualda. Lorenzo se acostó para pensar en su prima, que le había hecho profunda impresión.
Admitióse la propuesta, y se acostó Su Excelencia por el suelo, porque estando en pié su cabeza era muy mas alta que las nubes; y nuestros filósofos le plantáron un árbol muy grande en cierto sitio que Torres ó Quevedo hubiera nombrado por su nombre, pero que yo no me atrevo á mentar, por el mucho respeto que tengo á las damas; y luego por una serie de triángulos, conexôs unos con otros, coligiéron que la persona que median era un mancebito de ciento y veinte mil piés de rey.
A Peralta ya no le quedó ni hebra de duda que aquello era un milagro patente; y con todito aquel contento que le bailaba en el cuerpo sargentió por todas partes, y con lo menos roto y menos sucio de la casa les arregló las camitas en las dos puntas de la tarima. Se dieron las buenas noches y cada cual si acostó.
El niño bebió y se marchó contento. Se acostó y tardó en dormirse, pero no ocurrió nada de lo que él esperaba. -La otra vez que bebí -pensaba Luciano-, vi cosas raras y bonitas, ¿cómo ahora no me sucede lo mismo?
Una noche que su primo se marchó al teatro por excepción, a causa de que se estrenaba una obra de un amigo suyo, Luciano entró en la habitación del joven, cogió la botella y echó en la copa mayor cantidad de vino que la primera vez, bebiéndola con deleite. Luego se fue a su cuarto y se acostó.
Se fue a la Pâture, en lo alto de la cuesta de Argueil, a la entrada del bosque; se acostó en el suelo bajo los abetos, y miró el cielo a través de sus dedos.