acostumbrar

(redireccionado de acostumbraban)
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  • verbo

Sinónimos para acostumbrar

habituar

Sinónimos

Antónimos

soler

Antónimos

Ejemplos ?
En ofrenda a la culebra que les había dado el ser, los Cañaris acostumbraban arrojar al agua figuritas pequeñas o idolitos de oro.
Hasta hoy los obreros organizados acostumbraban a mirar con cierta pasividad los atropellos que la fuerza armada burguesa cometía con las sociedades en lucha, ya porque los unos consideraban, faltos de criterio, que eran incidentes casi fortuitos, aislados, sin ninguna relación íntima con la lucha entre el burgués y el obrero, ya porque los otros, los conscientes, al observar la indiferencia de las masas obreras juzgaban casi imposible cualquier acción seriamente enérgica.
La concepción precientífica de los antiguos sobre los sueños se hallaba seguramente de completo acuerdo con su total concepción del Universo, en la que acostumbraban proyectar como realidad en el mundo exterior aquello que sólo dentro de la vida anímica la poseía.
Y si semejantes señales acostumbraban a dar los dioses buenos y no los impíos demonios, sin duda que en las entrañas de la víctima prometerían primero abominables males y muy perniciosos al mismo Sila: en atención a que la victoria no fue de tanto interés y honor a su dignidad cuanto fue perjudicial a su codicia, con la cual sucedió que, anhelando ensoberbecido y ufano las prosperidades, fue mayor la ruina y muerte que se hizo a si mismo en sus costumbres que el estrago que hizo a sus enemigos en sus personas y bienes.
De las calamidades que padeció la República romana después que comenzó el imperio de los cónsules, sin que la favoreciesen los dioses que adoraba Entonces, habiendo respirado un poco del miedo que reinaba en sus corazones, no porque habían cesado las guerras, sino porque no les estrechaban con tanto rigor, es a saber, acabado el tiempo en que se rigieron justa y moderadamente de esta manera: «Después comenzaron los senadores a tratar al pueblo como esclavos, disponiendo de su vida y de sus espaldas al modo que acostumbraban los reyes defraudándolos del repartimiento de los campos, cargándose ellos con todas las propiedades y excluyendo a los demás del gobierno.
pesar de que la mía es historia, no la empezaré por el arca de Noé y la genealogía de sus ascendientes como acostumbraban hacerlo los antiguos historiadores españoles de América, que deben ser nuestros prototipos.
Iba descalza, como acostumbraban las mujeres de aquel país, y cuando me vio, arrimado a la tienda de un mercader de flores, me echó tal mirada, que mis huesos se echaron a temblar.
Sin embargo, los AZTECAS-MESHICAS no lo aceptaron y cada quien se quedó con lo suyo. Desde esa ocasión, aunque todos los AZTECAS vivían juntos, ya no lo hacían con aquella fraternidad que acostumbraban.
La pena de la soledad habría amargado tal vez la juventud del tío Carmelo: desde que llegara a la edad madura, se resignaba tan perfectamente, al parecer, que sus chanzonetas, mofas y pullas acostumbraban versar sobre los casados, los enamorados y los novios.
Doña Feliciana saltó con presteza del lecho, y de una esquina del cuarto tomó una asta o varilla de palo a cuyo extremo adaptó un puntiagudo rejoncillo de hierro. Era esta el arma con que acostumbraban salir al campo todos los hacendados.
Esta misma doctrina enseña con otra semejante muy a propósito, diciendo que no sólo ninguno puede vivir acomodadamente, pero que ni absolutamente puede vivir si no sabe quién es el carpintero, quién el pintor, quién el albañil a quien pueda pedir lo que necesita de su oficio, de quien pueda ayudarse para que le encamine y le enseñe lo que hubiere de hacer, y de este mismo modo nadie duda que es útil el conocimiento de los dioses, si supiere la facultad o poder que cada dios tiene sobre cada cosa; «porque de esta investigación resultarán el que podamos, dice, saber a qué dios debemos llamar e invocar para cada cosa, y no ejecutaremos lo que acostumbraban los bufones de las comedias pidiendo el agua a Baco y a las ninfas el vino».
Así que, no obstante que distinga los ángeles de los demonios, diciendo que el lugar que ocupan los demonios es el aire, y el lugar etéreo o empíreo el que corresponde a los ángeles, y aconseje que debe usarse de la amistad de algún demonio para que, llevándolos él a sus moradas respectivas, pueda cada uno elevarse algún tanto de la tierra después de muerto, y diga que hay otro camino para llegar a gozar de la inefable compañía de los ángeles; sin embargo, afirma expresamente que debe cualquiera cautelarse y huir de la sociedad de los demonios, cuando asegura que las almas, después de la muerte, satisfaciendo sus culpas, abominan con horror el culto de los demonios, que en vida los acostumbraban engañar.