Ejemplos ?
El envejecimiento prematuro de los locos obliga siempre a descontar diez años de los que parecen tener; calculé que en vez de cuarenta o más que representaba, sólo contaría treinta y tres o treinta y cuatro. Lo primero que admiré fue su barba y su cabellera.
DOÑA BEATRIZ (Aparte.) ¡Pluguieran los cielos no fuera tanta verdad, pues así mi voluntad no hubiera hallado unos celos!) DON LUIS Y la ilusión que pasó por el cristalino espejo, que yo admiré en su reflejo, ¿no fue hechicería?
Cual centinela solitario y triste un árbol en tu cima conocí: allí grabé mi nombre, ¿qué lo hiciste?, ¿por qué no eres el mismo para mí? ¿Qué has hecho de tu espléndida belleza, de tu hermosura agreste que admiré?
La fúnebre viragua repetía Sus trinos que saludan al invierno, Y luces de topacio y de diamante Te daba del relámpago el reflejo; En las cavernas tu rumor ahogando Tristes gemidos modulaba el viento Así admiré tu pompa y hermosura Entre las sombras de la noche oscura.
Se hizo un silencio bastante largo durante el cual admiré aquel rostro divino, sobre el que la media luz filtrada a través de las cortinas de seda arrojaba tintes encantadores, y admiré también aquellos hermosos cabellos de oro, no sueltos como en la víspera, sino alisados sobre las sienes y cogidos en la nuca.
Quiero hablar de lo cómico en el amor, de un carácter cómico que no excluye la admiración. Yo admiré más a mi última querida, me parece, de lo que vosotros hayáis podido aborrecer o amar a las vuestras.
Antes he peleado con los indios, hoy lidio con los gringos que me manda el patrón, y no sé con cuál me quedo. »Pero, con todo, sigo gozando de la vida; admirando lo que siempre admiré y otras cosas más que antes no había.
¡Cuántas veces me tuve que contener para no agarrarla del cuello, gritándole: «¡Pero sé imperfecta, miserable, para que pueda yo quererte sin malestar y sin cólera!» Durante algunos años la admiré, con el corazón henchido de aborrecimiento.
Me admiré estraordinariamente de verle los piés hinchados y llenos de sangre, las manos lo mismo, el costado herido, y las espaldas desolladas á azotazos.
Friolenta, cubrió con un oscuro chal su seno, egregio exilio de muchos agasajos; y admiré a la mujer de los párpados bajos, esfinge cruel y aciaga, pesadilla fatal.
Serra vivió de nuestra tierra al uso: yo, su memoria al bendecir, me acuso de no haberme atrevido en esta vida a sondar la alma grande que Dios puso en una carne por el mal roída: yo no le conocí; yo en tierra extraña le admiré y le aplaudí lejos de España.
FEDÓN.- Te aseguro, Echecrates, que si toda mi vida había admirado a Sócrates, en aquel momento le admiré más que nunca, porque tuvo muy prontas sus respuestas, lo que en realidad no es sorprendente en un hombre como él; pero lo que me pareció primero más digno de admiración fue el ver con qué dulzura, con qué bondad y con qué aire de aprobación escuchó las objeciones de aquellos jóvenes y, en seguida, con qué sagacidad observó la impresión que nos causaron, y como si fuéramos vencidos que huyeran, nos llamó, nos hizo volver la cabeza y nos condujo de nuevo a la discusión.