adorar

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  • verbo

Sinónimos para adorar

idolatrar

Antónimos

reverenciar

Sinónimos para adorar

Ejemplos ?
Pero si los que adoran muchos dioses (como quiera que imaginen y opinen de ellos) creen a las historias civiles, o a los libros mágicos, o lo que tienen por más decente, a los theúrgicos, donde se dice que hicieron milagros, ¿qué razón hay para que no quieran creer que obró Dios estos prodigios, referidos en la Santa Escritura, a la cual se debe tanta mayor fe cuanto sobre todas las cosas es mayor Aquel a quien solo manda que ofrezcamos nuestro sacrificio?
De la falsedad del agüero que pareció haber pronosticado la fortaleza y estabilidad del imperio romano CAPITULO XXX. Qué opinan los gentiles de los dioses que adoran CAPITULO XXXI.
Venid á mí, yo canto los amores; Yo soy el Trovador de los festines; Yo ciño el harpa con vistosas flores Guirnalda que recojo en mil jardines: Yo tengo el tulipan de cien colores Que adoran de Stambúl en los confines, Y el lirio azúl incógnito y campestre Que nace y muere en el peñon silvestre.
Una parecía decir: – Mi belleza sabe reanimar el corazón helado de un hombre viejo. Otra: – Adoro estar recostada sobre los almohadones pensando con embriaguez en aquellos que me adoran.
Cuando lanzas tus rayos, Las Dos Tierras lo festejan, (Los hombres) despiertan y se levantan sobre sus pies, Porque tú los has despertado; Los cuerpos se purifican, se visten, Sus brazos adoran tu aparición, El país entero se pone a trabajar, Todos los animales pacen en sus pastos, Los árboles y las plantas brotan, Los pájaros vuelan más allá de sus nidos, Mientras sus alas desplegadas saludan tu ka.
gr., soy de los que rezan, de los que adoran; y no por seguir al pie de la letra la teología ortodoxa, ni por inclinarme a las teorías de que hablábamos, relativas a la contingencia, a las voliciones divinas nuevas, al indeterminismo primordial.
El de la bolsa, mustio y cabizbajo, llega hasta los incensarios, y dándoles a entender que no hay más por entonces, sacude encima de ellos el polvo que aquélla conserva entre sus pliegues, y por eso le inciensan de nuevo y le adoran postrados.
A esto contestaron los HUEHUES sabios: -Hermanitos, nosotros somos de MESHICO-TENOCHTITLAN y hemos sido enviados para buscar el lugar en donde habitaron nuestros antepasados. Ellos les preguntaron: -¿Ustedes adoran a la energía creadora?
Levantaron estos una ancha piedra; tiráron á mano derecha y á mano izquierda una tierra que exhalaba un hedor intolerable; pusieron luego un muerto en el hueco que habían hecho, y volviéron á sentar la piedra. ¡Con que entierran estas gentes, exclamó Babuco, á sus muertos en los sitios mismos donde adoran la divinidad!
Mediante ella, que es la expresión de nuestro esfuerzo, hemos arrancado a la Esfinge el óleo sanador de enfermedades horribles, hemos gritado el «levántate, Lázaro» a espectros desposados con la muerte, y es ella lo que las madres adoran en la frente del médico inclinada sobre un niño que sufre; mediante ella volamos sobre los continentes, con las alas y el aliento del vapor, como ángeles anunciadores, y marchamos sobre las aguas como el apóstol; mediante ella lanzamos nuestro pensamiento, como una buena nueva, por los hilos del telégrafo, prolongación de nuestros nervios; mediante ella hacemos el eterno milagro de suprimir la distancia y el tiempo, y de multiplicar el alimento y la vida.
En Siam no es sólo cariño lo que le tienen al elefante, sino adoración, cuando es de piel clara, que allí creen divina, porque la religión siamesa les enseña que Buda vive en todas partes, y en todos los seres, y unas veces en unos y otras en otros, y como no hay vivo de más cuerpo que el elefante, ni color que haga pensar mas en la pureza que lo blanco, al elefante blanco adoran, como si en él hubiera más de Buda que en los demás seres vivos.
El cielo tu rumbo guíe; y cuando glorioso tornes, o almirante de las Indias, duque y grande de mi corte, »tu hazaña bendiga el cielo, tu arrojo el infierno asombre, tu gloria deslumbre al mundo, abarque tu fama el orbe.» En tanto que así decía reina tan ilustre, sobre su cabeza colocaba, con altas aclamaciones, un ángel, corona eterna de luceros y de soles, que mientras más siglos pasan adquiere más resplandores. Con ella la admira el mundo y adoran los españoles, cuando absortos la recuerdan en tan importante noche.