Ejemplos ?
Hemos de recibir con indiferencia los honores y las afrentas del vulgo, sin alegrarnos con aquéllos ni entristecernos con éstas: porque de esta suerte dejaremos de hacer muchas cosas necesarias por el temor o fastidio de las injurias, y no acudiremos a los públicos o particulares ministerios y tal vez a los importantes a la salud, mientras nos congoja un afeminado temor de oír algo contra nuestro ánimo.
A los imperfectos, y que todavía se encaminan a los tribunales públicos, se les debe proponer que su vida ha de ser siempre entre injurias y afrentas; los que las han esperado, todas las cosas les parecen más tolerables.
Las afrentas, las malas palabras, las ignominias y los demás denuestos súfralos como vocería de los enemigos, y como armas y piedras remotas, que sin hacer herida hacen estruendo cerca de los morriones; súfrelas sin mostrar flaqueza y sin perder el puesto, las unas como heridas dadas en las armas y las otras en el pecho; y aunque te aprieten, y con molesta violencia te compelan, es torpeza el rendirte: defiende, pues, el puesto que te señaló la naturaleza.
En ninguna edad ni en algún suceso han faltado hombres destas costumbres: dícenlo las desdichas y afrentas de las monarquías, que no sucedieran si ellos faltaran.
¡Oh providencia inescrutable de Dios, que sólo hiciese las partes de César quien sólo le afrentaba, y que los oprobios le granjeasen séquito y sus propias afrentas fuesen venganza de sus heridas!
Pues la mezquindad de criterios. genera constantemente afrentas, ya que lo material bien prostituye, la toma integra de conciencia.
Cuando dije amar, me tatuaron con afrentas la sorpresa del engaño en compraventas y caído de la cúspide del sueño, me ahondé en la soledad y en el despeño.
Por esto, siempre les recordaba a los hombres lo que otros les habían hecho y no permitía que olvidaran agravios, ofensas, humillaciones y afrentas.
Como se correspondía con vizcaínos lenceros, y enviándoles dineros cobraba en mercadería, dejó muchas trabacuentas prolijas de averiguar; soy mujer, no sé contar, paso por trampas y afrentas por no verme en el poder de Poncio Pilato; digo, de un escribano enemigo.
Halló el sol, en medio del día, noche con que taparse la cara por no ver las afrentas de Cristo, y en esta ocasión faltaron nubes que le enlutasen la luz porque faltase día para leer blasfemias tan descomulgadas.
–Oriones en ascenso– II Pléyades de estrellas laceradas por milenios de ignominias y de afrentas, despojadas de la cósmicas sendas de las hadas parturientas de la fuerza taladraron mis cabinas aturdidas de vacío en pos de cierzo y rasgaron la silueta de soberbia, harta de silencios, que me navegaba.
nuestro dolor de invierno, es el tremular santificado en ocre de un hombre que no llegó ni pudo desnudar banderas en su reino ni romper cadenas desquebrajando afrentas...