altar


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Sinónimos para altar

ara

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Sinónimos para altar

ara

Sinónimos

Ara

Sinónimos

Ejemplos ?
Bailábanle los ojos en el caxco como si fueran de azogue. Cuantas blancas ofrecían tenía por cuenta; y acabado el ofrecer, luego me quitaba la concheta y la ponía sobre el altar.
Visto por mi amo la gran perdición y la mucha costa que traía, (y) el ardideza que el sotil de mi amo tuvo para hacer despender sus bulas, fue que este día dijo la misa mayor, y después de acabado el sermón y vuelto al altar, tomó una cruz que traía de poco más de un palmo, y en un brasero de lumbre que encima del altar había, el cual habían traído para calentarse las manos porque hacía gran frío, púsole detrás del misal sin que nadie mirase en ello, y allí sin decir nada puso la cruz encima la lumbre.
Y, ya que hubo acabado la misa y echada la bendición, tomóla con un pañizuelo, bien envuelta la cruz en la mano derecha y en la otra la bula, y ansí se bajó hasta la postrera grada del altar, adonde hizo que besaba la cruz, e hizo señal que viniesen adorar la cruz.
Antes no se habían oído leyendas de ninguna clase, e incluso en la remota época de las brujas aquellos bosques occidentales no fueron ni la mitad de temidos que la pequeña isla del Miskatonic, donde el diablo concedía audiencias al lado de un extraño altar de piedra, más antiguo que los indios.
Lanzóse por él el conde Por un instinto guiado Cruzó el corredor aislado Y al oratorio llegó: Abrió la puerta con ímpetu Y al tender dentro los ojos Entorno al altar de hinojos A sus siervos encontró.
Cuando se dio cuenta que la iglesia al fin reabundaba en fieles, continuo su labor de desplazamiento hacia el altar, de manera semejante a como la había hecho con anterioridad: Empellón tras empellón y sin disculpas.
Qué seis años monótonos de soledad y convento, habían su pensamiento reducido a un punto ruin, a espacio tan miserable, a círculo tan mezquino, que era el claustro su destino y el altar era su fin.
Idos: vuestra presencia es importuna; la edad os arrojó de vuestro asilo. Lecho de la ambición es vuestra cuna, y ha levantado en vuestro hogar tranquilo un altar a la gloria la fortuna.
Mientras tanto, el individuo de fúnebre aspecto, como iluminado, no se movía de su lugar. Su mirada como hecha de dolor y de melancolía se diluía en el altar de reluciente oros.
Tenía un encargo de importancia: restaurar el altar mayor de la iglesia de Bellús, obra pagada con cierta manda de una vieja señora, y allá fuí con dos aprendices, cuya edad no se difenrenciaba mucho de la mía.
Y mientras él andaba por el mundo, yo con mis dos compañeros metidos en la iglesia, sobre los andamios del altar mayor, complicada fábrica del siglo XVII, sacando brillo a los dorados o alegrándoles los mofletes a todo un tropel de angelitos que asomaban entre la hojarasca como chicuelos juguetones.
Di fin a la restauración, quitamos los andamios, el altar lucía como un ascua de oro; y cuando le echaba la última mirada, vino la curiosa comadre a intentar por otra vez hacerse partícipe de mi “secreto”.