apear

(redireccionado de apeaba)
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Sinónimos para apear

Ejemplos ?
Hácele grandes promesas y ellos lo han aceptado. En volviendo el rey decía de aquello muy descuidado; al punto que se apeaba de estocadas le han dado.
Mas él dio un salto y clavó la aguda pica en un hombro del eximio Deyopites; mató luego a Toón y Eunomo; alanceó en el ombligo por debajo del cóncavo escudo a Quersidamante, que se apeaba del carro y cayó en el polvo y cogió el suelo con las manos; y dejándolos a todos, envasó la lanza a Cárope Hipásida, hermano carnal del noble Soco.
Al otro día, a la puesta del sol, se apeaba el doctor Angulo en el patio de la casa parroquial gritando, como un frenético: -¡Ana!
-Lo que cree la Iglesia. Y por más que el prelado lo zarandeaba con preguntas, el buen carbonero no apeaba de lo dicho ni variaba sílaba o letra.
Los que habían avisado la víspera se hacían esperar; algunos incluso estaban todavía en cama en sus casas; Hivert llamaba, gritaba, juraba, luego se apeaba a iba a golpear fuertemente a las puertas.
No me gusta ese mozo, y si viene cuando no estoy, échamelo afuera.» Pero Natalia, toda empapada en indulgencia para el mozo en cuestión, cuando se apeaba en el palenque sin decir siquiera: «Ave María», no hubiera tenido valor para ordenarle que se mandara mudar.
Mientras tanto, el oficial, tomando la delantera, se presentaba en el rancho, la diestra arrogantemente asentada en el cabo plateado del rebenque, y, después de un «Ave María» medio seco, se apeaba con don Luis y el milico, entre media docena de perros que los miraban de rabo de ojo, erizando el pelo y enseñando colmillos amenazadores, a pesar de los gritos de: «¡Fuera, fuera!» que les dirigían todos los miembros de la familia, mujeres viejas y jóvenes, muchachos y niños, y de los rebencazos que hacía el ademán de sacudirles el respetable patriarcal jefe de toda esa chusma.
Ya se apeaba Rodrigo para al rey besar la mano; al hincar de la rodilla el estoque se ha arrancado; espantose de esto el rey y dijo como turbado: -Quítate Rodrigo, allá, quítateme allá, diablo, que tienes el gesto de hombre y los hechos de león bravo.
Sin embargo un partido muy mediocre en Gran Canaria, con los canarios volcados en la remontada dejó al Real Zaragoza a tan sólo 7 minutos de la Primera División al encajar el 2-0 definitivo que les apeaba del ascenso.
Si bien en la temporada 80-81, era de nuevo el Calvo Sotelo quien le apeaba de la competición, la temporada siguiente lo hacía el Atlético Madrileño -filial del club rojiblanco- en la Segunda Ronda.
Se paraban en la barrera; Emma se desataba los chanclos, cambiaba de guantes, se ponía bien el chal, y veinte pasos más lejos se apeaba de «La Golondrina».
En segunda ronda, el equipo elimino al Calleda catalán con apuros, decidiéndose la eliminatoria en un tercer partido. El Racing de Ferrol, de nuevo, es el que apeaba de la promoción a la UDS de nuevo.
Con esta oferta se enancaba en el éxito administrativo y civilizador de Rocafuerte y, a la vez, se apeaba de la mala fama del Rocafuerte implacable y duro.
Si la temporada anterior era el temido, y a la postre campeón de aquella edición, Liverpool F.C de Rush, Lee, Robinson… quien apeaba a los “leones” también en San Mamés después de haber obtenido un valioso empate sin goles en Anfield, ahora le tocaba el turno a un Girondis plagado de jugadores internacionales como Laconte, Chalana, Battiston, Giresse y Tigana.
En algunas representaciones se ejecutaba el empeño de a pie, común en aquella época, forma típica que consistía en un enfrentamiento donde el caballero se apeaba de su caballo para, en el momento más adecuado, descargar su espada en el cuerpo del toro ayudándose de su capa, misma que arrojaba al toro con objeto de “engañarlo”.
En la parte baja de la crujía de levante, quedan empotradas en la pared dos columnas con sus capiteles que, a su vez, dada la distancia que queda hasta el cuerpo alto, es de suponer que soportaban una plataforma adintelada sobre la que apeaba la galería superior.
Las lanzas de este período estaban hechas de roble o fresno, medían más de 4 m y terminaban en una punta de acero fina y larga. Cuando el caballero se apeaba, cortaba el cabo de su lanza a 2 m para hacerla más manejable.