ascensor


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Sinónimos para ascensor

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Sinónimos para ascensor

elevador

Ejemplos ?
Y aún así, una parte de ellas sigue cuidando de alguien (nietos, hijos separados o dependientes) e, incluso, aportan su pensión. Sus hogares, junto a los de los emigrantes, son los menos habitables: Mala edificación, sin ascensor y poco accesibles.
Los tumbadores fumaban silenciosamente entre las hileras de vagonetas vacías, y el capataz mayor de la mina un hombrecillo flaco cuyo rostro rapado, de pómulos salientes, revelaba firmeza y astucia, aguardaba de pie con su linterna encendida junto al ascensor inmóvil.
Voy decorando el paraje, cubriendo rieles y escaleras, otorgando a este entorno, un manto de seda fresca. Me extiendo como la esperanza, subo las mismas aceras; que este antiguo ascensor, que otorga una vista plena.
Hasta en determinados momentos tuvo en la epidermis la sensación que sólo se tocaba con los bordes de su alma, de forma que el equilibrio de su cuerpo próximo a caer, y el de su piel, le causaba náuseas. Era como si descendiera a suma velocidad en un ascensor.
Pero bueno, no importa, lo importante es que son 40 formaciones nuevas que vamos a entregar y de paso pedimos que las formaciones esas tan tradicionales, que tienen cien años, esos vagones de madera puedan ser refaccionados, restaurados porque forman parte también del patrimonio cultural, como lo es el viejo ascensor, que es viejo porque tiene cien años, pero que funciona, es centenario y funciona aquí en la Casa de Gobierno y es bueno también cuidar el patrimonio cultural.
Y cuando, vaciado el material, los tumbadores corren y jadean con la vaga esperanza de obtener algunos segundos de respiro, a la envidia se añade el encono, viendo cómo el ascensor los aguarda ya con una nueva carga de repletar carretillas, mientras el maquinista, desde lo alto de su puesto, parece decirles con su severa mirada: -¡Más aprisa, holgazanes, más a prisa!
Yo, que iba adelante, fui el primero en llegar al ascensor y aunque nos izaron inmediatamente, sentimos al llegar arriba una picazón en la garganta, acompañada de una tos seca insoportable.
Después de inútiles tentativas pide refuerzos y entra de la calle el vendedor de fruta, hombre hercúleo que se cuelga a dos manos de la soga. De pronto el ascensor se desprende bruscamente y cae contra el suelo.
Como las catorce vueltas necesarias para que el ascensor recorra su trayecto vertical se efectúan en menos de veinte segundos, un segundo de distracción significa una revolución más, y una revolución más, demasiado lo sabe el maquinista, es: el ascensor estrellándose, arriba, contra las poleas; la bobina, arrancada de su centro, precipitándose como un alud que nada detiene, mientras los émbolos, locos, rompen las bielas y hacen saltar las tapas de los cilindros.
Como estábamos más alto que ellos, ningún detalle se nos escapaba. Cuando apareció el ascensor, la boca del pique estaba llena de gente.
Como un cancerbero me examinó de pies a cabeza; después, satisfecho de comprobar hipotéticamente que yo no era un ladronzuelo, con una indulgencia que únicamente podía nacerle de la soberbia gorra azul con trancellín de oro sobre la visera, me dio permiso para entrar, dándome por toda indicación: —El ascensor, a la izquierda.
Y sigo en esto a San Gregorio (libro 31, "Moralium", capítulo 10, sobre Job, capítulo 39), exponiendo aquel lugar del Génesis, capítulo 49: "Fiat Dan coluber in via, cerastes in semita, mordens ungulas equi, ut cadat ascensor eius retro" (Vuélvase Dan culebra en el camino, cerastes en la senda, mordiendo las uñas del caballo para que, quien va sobre él, caiga hacia atrás".