asco


También se encuentra en: Diccionario.
  • all
  • sustantivo

Sinónimos para asco

Sinónimos para asco

Ejemplos ?
Estaba lastimosa la pobrecita: flacuchenta, flacuchenta; los güesos los tenía toítos mogosos y verdes, con tantos soles y aguaceros comu'había padecido; el telarañero se l'enredaba por todas partes, qui aquello parecía vestido di andrajos; la pelona la tenía llena di hojas y de porquería di animal, que daba asco; la herramienta parecía desenterrada de puro lo tomaíta qu'estaba.
El té que bebía en frágiles tazas chinas, dignas de una vitrina de museo, era té de caravana comprado a precio absurdo y sostenía ingenuamente que era el menos malo que había encontrado en París; tomaba el único café libre de toda sofisticación que he bebido en Europa; vivía quejándose de la mesa y al proponerle que fuéramos a comer en algunos de los restaurantes afamados, hacía una mueca de asco...
-dijo una. -¡Si está apestao! -replicó otra, tapándose las narices y haciendo extremos de asco. -¡Traigan jabón, a ver si esto sale!
—murmura sofocado— La muerte antes que el desengaño, antes que causarle asco y desprecio, antes que continuar con esta terrible desesperanza...
(Sale el mozo.) Las circunstancias lo forzan a uno a ser cómico. ¡Me da tanto asco el contacto de la canalla ..! DELEGADO (Entran varios delegados obreros, que por la torpeza de sus movimientos y lo forzado de sus actitudes, dejan adivinar la turbación que les causa encontrarse en un medio distinto al suyo.) (Manoseando su sombrero.) Buenos días, señor Ministro.
Él se había dado cuenta de esto y se complacía en tocar los pasteles o las frutas confitadas que nuestra madre había puesto sigilosamente en nuestros platos; entonces él gozaba viendo nuestros ojos llenos de lágrimas al no poder ya saborear por asco y repulsión las golosinas que él había rozado.
Se acercó sigilosamente al espejo, y primero cerró los ojos con la esperanza de que quizá apareciera la nariz en su sitio cuando los abriera, pero al instante pegó un respingo y retrocedió exclamando: – ¡Qué asco de cara!
Puso asco para los premios ilustres en los metales, el verlos empleados en hartar ladrones y pagar adulterios y facilitar maldades, falsear leyes y escalar jueces.
Para adquirir sucias enfermedades; pagar al Estado moralizador el impuesto del vicio y expiar en el asco y en la inmundicia crímenes ajenos.
esto, y nada más, era la ciencia de las oposiciones». -¡Dios mío, qué asco da todo esto! -pensaba Zurita, el eterno estudiante, que había nacido para amarlo y admirarlo todo, y que se veía catedrático de cosas que ya no amaba, ni admiraba, ni creía.
Quise morderla, por ver si volvía en sí, y no hallé parte en toda ella que el asco no me lo estorbase; pero, con todo esto, la así de un carcaño y la saqué arrastrando al patio; mas ni por esto dio muestras de tener sentido.
y ante el Gobierno, esos mismos jóvenes, ya creciditos, u otros parecidos, quemando incienso ante la ciencia trasnochada del programa oficial... ¡qué asco, señor, qué asco!