atrevido

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Ejemplos ?
Pero mucho mayor fuerza tiene para obcecar el ánimo, e inducirle al error, el orgullo, que, hallándose como en su propia casa en la doctrina del modernismo, saca de ella toda clase de pábulo y se reviste de todas las formas. Por orgullo conciben de sí tan atrevida confianza, que vienen a tenerse y proponerse a sí mismos como norma de todos los demás.
Pero el marinero la coge de la mano al llegar y me grita alegremente: «¡Mira, aquí tienes a la que va a ser mi mujercita!», y ella dice medio atrevida, medio avergonzada y medio riendo y medio llorando: « Sí, tío, si te parece bien».
-¡Los pedernales no pueden aprovechar el cariño de nuestra madre, porque son imbéciles! -¡Vete de aquí, cosa atrevida! -¡Fuera, engaño de existencia!
La cuestión presentaba dificultades porque los dioses no querían aniquilarlos como hicieron con los gigantes fulminando rayos contra ellos, pero por otra parte, no podían dejar sin castigo su atrevida insolencia.
Desiertas estan las calles, Las puertas cerradas todas, Las centinelas ocultas Y bajo techo las rondas. No hay una sola ventana En donde aceche ó se esconda Una doncella atrevida Ni una madre recelosa.
Con la copa en alto toda corazón, me acerco al banquete loco de la Vida. Gota a gota cae en mi alma la hiel, pero por virtud rara y atrevida conservo en los labios un sabor de miel...
Y tragedias leídas en los periódicos, historias de asesinatos cometidos por criminales que se desvanecen como el humo, sin dejar huella alguna, ocurrían a la imaginación de la doncella leal, que compartía con la atrevida amazona, desde hacía cinco años, las emociones del riesgo, el engreimiento de los aplausos.
¿Qué es su corazón muchas veces sino álbum? Perdónennos la atrevida comparación, pero ¡dichoso el que encuentra en esta especie de álbum todas las hojas en blanco!
Pero las ciudades que celebran los libros del americano Stephens, de Brasseur de Bourbourg y de Charnay, de Le Plongeon y su atrevida mujer, del francés Nadaillac, son Uxmal y Chichén-Itzá, las ciudades de los palacios pintados, de las casas trabajadas lo mismo que el encaje, de los pozos profundos y los magníficos conventos.
El soberano vuelo de la atrevida fantasía para abarcarla se cansaba en vano; la tierra sus mineros le rendía, sus perlas y coral el Oceano.
De pronto y de en medio del brillante grupo, oficial, levantose un hombre de arrogantísimo aspecto, en cuya casaca recamada de oro lucían los entorchados de general, asiose a la reja del coro, lanzó atrevida mirada al interior, y olvidando que se hallaba en la casa del Señor, exclamó con el entusiasmo con que en un teatro habría aplaudido a una prima-donna: -¡Canta como un ángel!
Pero la venerable esposa de Zeus, irritada, increpó a Artemis, que se complace en tirar flechas, con injuriosas voces: —¿Cómo es que pretendes, perra atrevida, oponerte a mí?