baúl


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Sinónimos para baúl

Diccionario Manual de Sinónimos y Antónimos Vox © 2022 Larousse Editorial, S.L.

Sinónimos para baúl

Ejemplos ?
Fui a ver mi baúl, y halléle abierto y como sepultura que esperaba cuerpo difunto, y a buena razón había de ser el m&iacut e;o si yo tuviera entendimiento para saber sentir y ponderar tamaña desgracia.
Esa noche hizo lo que no hiciera desde sus tiempos de servicio: rezó a la Virgen el rosario entero. Otro día sacó de un baúl, donde se apolillaba en el olvido, un cuadrito de la Dolorosa.
Por la noche llaman a Candelaria al rezo y no responde; búscanla y no parece; corren a su cuarto, hallan abierto y vacío el baúl...
Tista busca entre sus desgarrones y le entrega lo que encuentra. Trastea ella por un baúl y saca un puñalejo, recuerdo de un su amigo.
Hasta creo qu'estos tierrafrías, tan biatos y tan berriistas, están orejones con nosotros; así es, m'hijita querida, qui'acabás de lucir el baúl y nos volvemos p'al monte a entatabrarnos los dos solos en grima sin el muchachito.
El paño de su chaquet caía flojo y desmañado sobre su vasto cuerpo; una camiseta de color le ahorraba la molestia de ocupar el baúl con camisas planchadas; su sombrero, abollado, lucía una capa de polvo a medio estratificar; y como le vi que traía calzados los guantes, comprendí al punto que estaba de excursión, pues Bruck no usa guantes sino para el monte, dado que en la ciudad no hay peligro de estropearse las manos.
Un miércoles, a las tres, el señor y la señora Bovary salieron en su carricoche para la Vaubyessard, con un gran baúl amarrado detrás y una sombrerera que iba colocada delante del pescante.
En una silla está el baúl que le mandó en pascuas la abuela, lleno de almendras y mazapanes: boca abajo está el baúl, como si lo hubieran sacudido, a ver si caía alguna almendra de un rincón, o si andaban escondidas por la cerradura algunas migajas de mazapán; ¡eso es, de seguro, que las muñecas tenían hambre!
A su vuelta, ¡qué de gentes le esperaban, y se apiñaban a su alrededor para cerciorarse de si había efectivamente París, de si se iba y se venía, de si era, en fin, aquel mismo el que había ido, y no su ánima que volvía sola! Se miraba con admiración el sombrero, los anteojos, el baúl, los guantes, la cosa más diminuta que venía de París.
Es de ver la impasibilidad del conductor a las repetidas solicitudes de los viajeros. –A ver, esa maleta; que vaya donde se pueda sacar. –Que no se moje ese baúl. –Encima ese saco de noche.
Comprendiendo Aquiles que aquella pasión de doña Concha le distraía de sus reflexiones y le hacía pensar demasiado en las calidades del yo finito, decidió dejar la posada de las chuletas de cartón-piedra, y sin oír a los sentidos, que le pedían el pasto perpetuamente negado, salió con su baúl, sus libros y su filosofía armónica de la isla encantada en que aquella Circe, con su lunar junto a la boca, ofrecía cama, cocido y amor romántico por seis reales...
Dijo tam- bién al confesor que registrase el baúl que en su cuarto estaba, donde encontraría el hábito que vestía en la hora de su des- gracia, y el puñal con que había causado su propia ruina y la de su desdichada víctima.