bastar

(redireccionado de bastaban)
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  • all
  • verbo

Sinónimos para bastar

satisfacer

Sinónimos

abundar

Sinónimos

Sinónimos para bastar

Ejemplos ?
Sólo el movimiento de su mano extendida sobre la cabeza de Carbón, sólo su sonrisa al decir al negro: «Hijo mío», bastaban para revelar el ardor de la bondad en su alma, y para probar que la sangre de Cristo florecía en ella, como los rojos granados en los oasis del desierto sahariano.
La más leve cuestión de su mujer con las criadas le ponía fuera de si, y abriendo el saco de las amenazas prometía subir para degollar a todos los vecinos y pegar fuego a la casa; cuatro gotas que cayesen en su patio desde las galenas bastaban para que de su boca infecta saliese la triste procesión de santos profanados, con acompañamiento de horripilantes profecías, para el día en que las cosas fuesen rectas y los pobres subiesen encima, ocupando el lugar que les corresponde.
Cura con sudor de sangre .- En la villa de Posto, do viví algunos años, había un Indios que curaba a ellos y a los Españoles, de cualquier enfermedad que tuviesen, con untarles las coyunturas pura sangre, y asimismo por la parte enferma, do ponía el zumo, y como iban sudando, ibales cogiendo y limpiando, con un lienzo, la sangre hasta que veía que bastaba, y después manteníales con cosas de sustancia, dándoles tantos sudores cuantos veía que bastaban, y con esto sanaban muchos, de enfermedades incurables, y se decir a V.M.
La Recopilación Castellana, las Partidas y demás códigos españoles, destinados a suplir la deficiencia de las leyes de Indias, contenían muchas disposiciones dispersas y algunos títulos enteros sobre materias comerciales, mas no formando estos verdaderos fragmentos un cuerpo de doctrinas coherentes, apenas bastaban para resolver ciertos y determinados casos entre los varios e innumerables que ocurren en la vida práctica del comercio.
Brahma, a quien apenas bastaban sus ocho brazos y sus diez y seis manos para tapar y destapar vasijas agitar líquidos y remover mixturas, tomaba algunas veces un gran canuto, a manera de cerbatana, y así como los chiquillos hacen pompas de jabón valiéndose de las cañas del trigo seco, lo sumergía en el licor, se inclinaba después sobre los abismos del cielo, y soplaba en la una punta, apareciendo en la otra un globo candente que al lanzarse comenzaba a girar sobre sí mismo y al compás de los otros que ya flotaban en el espacio.
Y si tal vez le decía al medio moro alguna palabra, me daba en los ojos con que qué podía hacer, que bastaban los riesgos que por mis temeridades y locuras había pasado, que no era razón por ellas mismas nos viésemos en otros mayores; que tuviese sufrimiento hasta llegar a Zaragoza, que todo tendría remedio.
Y aunque de audaz y valiente con reputación sobrada, no se dió por muy seguro el Duque, que ya pensaba en ganar tiempo, aunque acaso toda la honra costara; mas la rapidez del otro hasta la voz lo embargaba, y se perdían sus ojos, y sus manos no bastaban a parar tan recios golpes y tan recias cuchilladas y aunque muy bien se defiende, que al fin le va vida y fama, ya en el rincón de una puerta el escultor le acorrala; y ya el feroz Torrigiano que ve cerca su venganza, en coserle contra el quicio con negra intención pensaba, cuando tremendo tumulto que por defuera se alcanza, llegó en confuso desorden hasta la pieza inmediata.
Un erario naturalmente escaso, y cuyos recursos, aun con el auxilio de los extraordinarios, creados por el patriotismo y por la imperiosa ley de la necesidad, no bastaban a los ingentes consumos de nuestro ejército y escuadra durante la guerra de la independencia...
Conociendo que las leves expiaciones que los aduladores bracmines de Kattak le impusieron no bastaban a desterrar sus remordimientos, sube a consultar al solitario de Jabwi, solo y de incógnito para que la pompa real no turbe el espíritu y selle los labios del profeta.
Yo me paseaba bajo los arcos y sin poner atención oía frases desgranadas que apenas bastaban a enterarme: Hablaban en este corro de una monja muy vieja y encamada que había prendido fuego a las cortinas de su lecho, y en aquel otro de una novia muerta en su celda al pie del brasero.
¡Milagro!” Y ansí hicieron otros siete o ocho, y a todos les decía: “¡Paso, señores! ¡Milagro!” Cuando él vido que los rostriquemados bastaban para testigos del milagro, no la quiso dar más a besar.
167 DOÑA BEATRIZ ¿No me bastaban mis celos, don Diego, sino también añadir al sentimiento tanta copia de pesares que asaltan mi amante pecho?