benéfico


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  • adjetivo

Sinónimos para benéfico

Diccionario Manual de Sinónimos y Antónimos Vox © 2022 Larousse Editorial, S.L.
Ejemplos ?
7º.- Que entre tanto, no haciéndose novedad en las autoridades establecidas, sigan éstas ejerciendo sus atribuciones respectivas con arreglo a la constitución, decretos y leyes, hasta que el Congreso indicado determine lo que sea más justo y benéfico.
¡La pampa! La estepa sin nieve, el desierto sin sed cruenta, en donde benéfico llueve riego fecundador que aumenta las demetéricas savias.
Los defensores de Vichenú expiran uno a uno al rigor del acero; el templo del dios es presa de las llamas, y con el la naciente ciudad que en sus inmediaciones levanto el rey de Orisa en honor del benéfico genio de Allab-abad.
XII No es su rostro el del genio benéfico que protege al príncipe, ese rostro en cuyas facciones se ven grabadas, en armoniosas líneas y rasgos atrevidos, la noble fiereza, la salvaje y varonil hermosura del dios de las selvas, no; la fisonomía de aquella tosca escultura que, sin concluir aun, se presenta a los ojos del aterrado Pulo, tiene algo de infernal y medroso; de su redonda pupila parece pronto a brotar el rayo y la muerte; su dilata boca esta contraída por una sonrisa feroz; todo el rebela un genio del mal.
Un pueblo pervertido si alcanza su libertad, muy pronto vuelve a perderla; porque en vano se esforzarán en mostrarle que la felicidad consiste en la práctica de la virtud; que el imperio de las leyes es más poderoso que el de los tiranos, porque son más inflexibles, y todo debe someterse a su benéfico rigor; que las buenas costumbres, y no la fuerza, son las columnas de las leyes que el ejercicio de la justicia es el ejercicio de la libertad.
El proyecto benéfico que movió a ustedes a dejar su patria, va a ser protegido por personas de concepto, de relaciones y propiedades; y con tal apoyo no debe temerse el éxito mientras la conducta de ustedes no desmerezca sus confianzas.
Tú, la cantinera, y tú, el estanquero, que pasáis los días y las noches aspirando el vaho nauseante de la ebriedad, y oyendo los gritos bestiales de los ebrios, buscaréis un oficio honesto, limpio, benéfico; haréis pan, haréis vestidos; guardaréis los ganados; cultivaréis el suelo; forjaréis el hierro, labraréis la madera, cuidaréis de los niños; iréis de pueblo en pueblo, llevando las mil cosas gratas y necesarias del vivir.
El sorprendente y feliz resultado que ésta ha ofrecido desde el primer día de su apertura, y las ventajas que ha producido además a otro establecimiento no menos benéfico, el Monte de Piedad, por las relaciones que entre ambos se han abierto en favor de la clase poco acomodada, persuaden de que si se afianza debidamente la seguridad de los depósitos, se generalizará en España una institución que para otras naciones ha llegado a ser un nuevo elemento de su prosperidad a muy poco de adoptarla.
Cuál sea la manera conveniente para invocarle, aprendámoslo de la Iglesia, que suplicante se vuelve al mismo Espíritu Santo y lo llama con los nombres más dulces de padre de los pobres, dador de los dones, luz de los corazones, consolador benéfico, huésped del alma, aura de refrigerio; y le suplica encarecidamente que limpie, sane y riegue nuestras mentes y nuestros corazones, y que conceda a todos los que en El confiamos el premio de la virtud, el feliz final de la vida presente, el perenne gozo en la futura.
Al soberano Poseidón le hizo frente Febo Apolo con sus aladas flechas; a Ares, Atenea, la diosa de los brillantes ojos; a Hera, Artemis, que lleva arco de oro, ama el bullicio de la caza, se complace en tirar saetas y es hermana del Flechador; a Leto, el poderoso y benéfico Hermes; y a Hefesto, el gran río de profundos vórtices llamado por los dioses Janto y por los hombres Escamandro.
Entonces el benéfico Hermes se llegó al viejo, tomóle por la mano y le interrogó diciendo: —¿ Adónde, padre mío, diriges estos caballos y mulos durante la noche divina, mientras duermen los demás mortales?
Los indios, distribuidos hasta entonces en encomiendas entre los conquistadores, quedaron por Real Cédula de 1687 libres del servicio personal, y sujetos sólo a los ministros de la religión, para que luego que por su benéfico ministerio estuviesen capaces de entrar en la sociedad gozasen en ella de todos los derechos que les concedían las leyes españolas, que no conocen los que tanto deprimen en esta parte nuestra conducta.