bizco


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  • adjetivo

Sinónimos para bizco

bisojo

Diccionario Manual de Sinónimos y Antónimos Vox © 2022 Larousse Editorial, S.L.
Ejemplos ?
Era bizco, tenía la barbilla prominente; llevaba un sombrero claro de copa alta, un pantalón de terciopelo de algodón, abrochado a los lados desde las caderas hasta las suelas de los zapatos, y apoyaba la barbilla en el hombro del conductor, tan cerca de mí, que sentía su aliento en mis cabellos.
Decíame, relamiéndose, aquel súbdito de Amat que hasta el sol se quedaba bizco y la luna boquiabierta cuando esa muchacha, puesta de veinticinco alfileres, salía a dar un verde por los portales.
-Precisamente -replicó mistress Micawber-. Wilkins, no te pongas bizco; después ya no sabrás mirar derecho. -Esta parte de la carrera no tiene nada que ver con la magistratura.
Rostro acuchillado con varios chirlos y jirones tan bien avenidos y colocados de trecho en trecho, que más parecían nacidos en aquella cara, que efectos de encuentros desgraciados; mirar bizco...
Por algo es jorobado, torcido, bizco, temblón de las manos y de los pies; por algo hace con la cara esos continuos gestos que parecen de terror, esos visajes ridículos...
Lo peor de la casa era el marido, casi enano, bizco, y de tan malos humores, que los vomitaba en forma de improperios de la mañana a la noche; pero estaba poco en casa, de lo que se mostraba muy contenta la señora.
Garraf, en tanto que esto se trataba, estropeado a Mizifuf llegaba, mayando tristemente en acento hipocóndrico y doliente, como suelen andar los galloferos para sacar dineros, manqueando de un brazo colgado de un retazo, y débiles las piernas, una cerrando de las dos linternas, por mirar a lo bizco.
Alonso de Luque se quedó bizco oyendo el latinajo, recelando que él encerrase algún versículo de la Biblia o por lo menos un texto de los Santos Padres.
Saturno infunde el fatal humor bizco de su influjo y la luna en el reflujo se rompe, fuga y se integra como por la magia negra de un escamoteo brujo.
Yo no sé ni mi paisano Meléndez, que es tan minucioso para otras cosas, lo explica, cómo le sacaría el padre Gil a la Ursulita el demonio del cuerpo; pero concluye el ya citado y muy respetable cronista con una noticia que me deja bizco y boquiabierto.
Aceptando la manzana que del espejo ha surgido la devora cual villana que disfruta de su crimen. Cayendo al primer mordisco se durmió haciéndole al bizco.
No tenía amante doña Engracia, y como el marido bizco y de forma de chaparro no hacía cuenta, sus veintinueve años (los de la dama) estaban en barbecho.