bizcocho


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Sinónimos para bizcocho

pastel

Diccionario Manual de Sinónimos y Antónimos Vox © 2022 Larousse Editorial, S.L.

Sinónimos para bizcocho

Ejemplos ?
La prometida carta de Peggotty (¡qué carta tan alegre y animadora era!) llegó en las primeras semanas del semestre, y con ella un bizcocho perfectamente rodeado de naranjas y con dos botellas de vellorita.
A too esto, al buen pastor se le hospedó en un cuarto alhajao de lo bueno, se le echó un vestido de arriba abajo, como el de un señor prencipal, y se le puso a qué quieres boca, con su puchero de garbanzos con carne del día, su vino de la Nava, de lo mejor, y el azucarillo y el bizcocho tiraos, como el otro que dice, por el suelo.
Felicidad había tenido la precaución de poner para ellos, sobre la cómoda, una botella de aguardiente, un queso y un gran bizcocho.
Como esto era mucho hablar para él, pues ya observé en un capítulo precedente que era hombre flemático y nada charlatán, le ofrecí un bizcocho en agradecimiento, y se lo zampó de un bocado, exactamente como lo hubiera hecho un elefante, y en su rostro no se observó más impresión de la que se hubiera observado en el del elefante.
Cuando terminó, me trajo un pudding, y sentándose enfrente de mí rumió algo entre dientes, como si estuviera pensando en otra cosa durante unos minutos. -Qué, ¿cómo está ese bizcocho?
Pues, hijitos, en 1802 cuando mandaba Avilés, que era un virrey tan bueno como el bizcocho caliente, alcancé a conocer a la madre de San Diego.
Enrollada bajo el escritorio encontré una frazada; en el hogar vacío una caja de pasta y un cepillo; en una silla una palangana de lata, jabón y una toalla rotosa; en un diario, unas migas de bizcocho de jengibre y un bocado de queso.
Habló a su abuela Chicocho cuando comía un buen bizcocho y al ver los bellos proyectos dejó sus años senectos y entusiasmada cual joven creyó oír hasta Bethoven.
Amasaban en los primeros tiempos el “bizcocho” destinado a alimento de las tropas del “presidio” y a abastecimiento de los buques de arribada o tránsito, y más tarde se acostumbraron a preparar los caramelos y masas que sus esclavos – antecesores lejanos de los actuales “heladeros” y “maniseros” – salían a ofrecer en la venta callejera.
Estábamos escondidos en una cueva, temerosos ellos que no bajasen de una fuerza de cristianos que está en la isla y los cautivasen; sustentáronse con el bizcocho mojado que la mar echó a la orilla, de lo que llevaban en la galeota, lo cual salían a coger de noche.
Primeramente, en la base, había un cuadrado de cartón azul que figuraba un templo con pórticos, columnatas y estatuillas de estuco todo alrededor, en hornacinas consteladas de estrellas de papel dorado; después, en el segundo piso, se erguía un torreón en bizcocho de Saboya, rodeado de pequeñas fortificaciones de angélica, almendras, uvas pasas, cuarterones de naranjas; y, finalmente, en la plataforma superior, que era una pradera verde donde había rocas con lagos de confituras y barcos de cáscaras de avellanas, se veía un Amorcillo balanceándose en un columpio de chocolate, cuyos dos postes terminaban en dos capullos naturales, a modo de bolas, en la punta.
Cuando trajeron el vino me dio también a mí un poco con un bizcocho, y antes de que me lo bebiera, levantándome el vaso, dijo: -¡A la confusión de Brooks de Shefield!