blandamente


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Sinónimos para blandamente

apaciblemente

Ejemplos ?
Tras las rejas se adivinaban extensos jardines, grandes verdores salpicados de rosas y ramas que se balanceaban acompasada y blandamente como bajo la ley de un ritmo.
Saliendo de las ondas encendido, rayaba de los montes al altura el sol, cuando Salicio, recostado al pie de un alta haya en la verdura, por donde un agua clara con sonido atravesaba el fresco y verde prado, él, con canto acordado al rumor que sonaba, del agua que pasaba, se quejaba tan dulce y blandamente como si no estuviera de allí ausente la que de su dolor culpa tenía; y así, como presente, razonando con ella, le decía: Salicio: ¡Oh más dura que mármol a mis quejas, y al encendido fuego en que me quemo más helada que nieve, Galatea!, estoy muriendo, y aún la vida temo; témola con razón, pues tú me dejas, que no hay, sin ti, el vivir para qué sea.
Que las nubes de orobias blandamente se exhalen de las urnas cinceladas, y embalsamen de aromas el ambiente como si lo habitasen bellas Hadas; que en cerrado pensil ninfas ufanas te brinden con su plácida terneza; que excedan a las mágicas sultanas de las mil y una noches en belleza; tú sacas del delirio de los gustos hastío y sinsabor, sierpes dolosas; y la sombra más negra de los sustos te enluta vaso y flor, festín y hermosas.
Dilatóse su muerte hasta la noche, y en lo que quedaba de aquel día se hicieron las ceremonias de la entrada de Andrés a ser gitano, que fueron: desembarazaron luego un rancho de los mejores del aduar, y adornáronle de ramos y juncia; y, sentándose Andrés sobre un medio alcornoque, pusiéronle en las manos un martillo y unas tenazas, y, al son de dos guitarras que dos gitanos tañían, le hicieron dar dos cabriolas; luego le desnudaron un brazo, y con una cinta de seda nueva y un garrote le dieron dos vueltas blandamente.
-No, muchas gracias, no nos sentamos -exclamó el Viruta, rechazando blandamente la silla que el Mestizo acababa de ofrecerle- ¡Nosotros no venimos más que a llevarnos, manque sea en andas de plata y bajo palio de sea, a este primor de primores!
ahora duermes tal vez, y el sueño agita sus tibias alas en tu calma frente, mientras que blandamente sólo por mí tu corazón palpita.
Entre los graves puntos que trataron, A propuesta de un docto presidente, Como resolución la más urgente Tomaron la que sigue: «Pues que al mundo Estamos dando ejemplo sin segundo, El más vil y grosero En andar hacia atrás como el soguero; Siendo cierto también que los ancianos, Duros de pies y manos, Causándonos los años pesadumbre, No podemos vencer nuestra costumbre; Toda madre desde este mismo instante Ha de enseñar andar hacia delante A sus hijos; y dure la enseñanza Hasta quitar del mundo tal usanza.» «Garras a la obra», dicen las maestras, Que se creían diestras; Y sin dejar ninguno, Ordenan a sus hijos uno a uno Que muevan sus patitas blandamente Hacia adelante sucesivamente.
Más de un hora pensoso en aquel voto estuvo el caballero así doliente; luego empezó con tan triste alboroto a lamentarse allí tan blandamente que habría de piedad un mármol roto, una tigre crüel vuelto clemente.
Su padre, el buen turco sólido y estable, de quien quizás había heredado la espalda fornida y esa frente suya de bucráneo, el buen turco humilde, de entusiasmos resoplantes, pero llenos de una inmediata sensatez, exaltado en el bochorno de la íntima tertulia, a una representación de gran turco presidía esta imposible sesión del desahogo pecaminoso y clandestino, blandamente recostado en el diván, en la actitud sultánica del que medita voluptuosidades mientras fuma, como él fumaba al narguilé...
Murió acompañado por las lágrimas de todos los buenos, pero nadie le lloró como tú, Virgilio, que en vano pides a los dioses te devuelvan a Quintilio, no nacido para ser inmortal; y aunque pulsaras más blandamente que el tracio Orfeo la lira escuchada por los árboles, no volvería la sangre a reanimar la vana sombra que Mercurio, sordo a las preces para revocar los decretos de los hados, empuja hacia el negro rebaño con su horrendo caduceo.
Cual se ve entre celajes Febo en Abril sereno ya cerca de Ocidente, tal por entre las gasas y plumajes se columbra tal vez el blanco seno y su pecho que late blandamente.
Los ojos del indio la miraban de un modo tan tierno, de un amor tan puro, intenso y abrasador, que casi Lucía cayó desmayada; pero haciendo un supremo esfuerzo, se deshizo blandamente de sus brazos, y no quedándole, más recurso para libertarse del apasionado cacique que seguirle engañando, le dijo, poniendo su blanca y delicada mano entre las tostadas del salvaje: -Sí, sí, Mangora, yo también te amo.