blanquear

(redireccionado de blanqueaban)
También se encuentra en: Diccionario.
Graphic Thesaurus  🔍
Display ON
Animation ON
Legend
Synonym
Antonym
Related
  • all
  • verbo

Sinónimos para blanquear

enjalbegar

albear

Sinónimos

Diccionario Manual de Sinónimos y Antónimos Vox © 2022 Larousse Editorial, S.L.

Sinónimos para blanquear

aclarar

Ejemplos ?
Los desiguales soplos de la brisa, el graznido de las aves nocturnas y el rumor de los reptiles que se deslizaban entre las altas hierbas, turbaban sólo de vez en cuando el silencio de la muerte de aquel lugar maldecido; los insepultos huesos de sus antiguos moradores blanqueaban al rayo de la luna, y aún podía verse el haz de armas del señor del Segre colgado del negro pilar de la sal de festín.
Llegaba cubierto de nieve. Su anguarina y su gorro de pieles de conejo, blanqueaban. Y cuando entró en la cocina del casuco, dijo: -Os acompaño en el sentimiento.
Todo en pedazos sobre la grava: los huesecitos que blanqueaban, la cabellera presa en las matas, rota en mechones y ensangrentada...
Corría un vientecillo fresco; los pajarillos cantaban; el rocío daba lustre y esmalte a la yerba nueva, blanqueaban los almendros en flor, y las nacientes hojas de los árboles deleitaban la vista con su tierna verdura.
Algunas cabelleras, a manera de incrustaciones de ébano sobre la superficie del nácar, sobrenadaban voluptuosas al capricho de las olas y descubrían la afición al baño matutino y al aire libre, de las hermosas jóvenes, cuyos leves vestidos blanqueaban sobre el verde del bajo.
legado que hubo Currito el Mimbre al borde del tajo, sentóse en él, y triste y meditabundo pareció abismarse en la contemplación de la brillante perspectiva que extendíase a sus pies, en los risueños valles cubiertos, acá y acullá, de pomposos majuelos y de oscuros olivares, en el río que serpeaba, gris y resplandeciente, por entre las empinadas laderas, y en los alegres caseríos que blanqueaban por doquier como arropados entre florecientes verdores.
Un espléndido sol otoñal ponía sus áureas pinceladas en la riente perspectiva, en las doradas cúspides de los montes, en las floridas laderas, en las que acá y acullá blanqueaban los nevados caseríos; en los grandes macizos de verdores que festoneaban las márgenes del río, salpicados de rojas adelfas y de blanquísimos rosales.
JUAN LORENZO En el promedio de un alto cerro y la llanura suavemente inclinada blanqueaban entre arbustos y bejucos las paredes de la estancia del «Mirador»: hacia atrás se levantaba el cerro cubierto de espeso monte, cuyos árboles crecían majestuosos cobijando la mole por entero, excepto los riscos de las cumbres que desnudos resaltaban contrapuestos al azul del cielo.
Gentiles estatuas de mármol blanqueaban allá entre las frondas, y el palacio erguía su bella escalinata y su terraza monumental en el último término que alcanzaba la vista.
Los olivares se blanqueaban y se oscurecían al soplo del aire, que rizaba sus hojas de doble color; los palmerales vibraban, como si cada una de sus palmas fuese verdadera lira pulsada por el viento; serpenteaba el río entre los viñedos, dando toques argentados al oscuro follaje; los álamos se levantaban sobre los arbustos y las rotondas sobre los álamos, confundiéndose los signos de la religión y los seres de la naturaleza, cual en nuestro ser se confunden e identifican el cuerpo y el alma como si compusieran una sola sustancia.
Los ojos que relampagueaban a la sombra de los negros arabescos del tatuaje, tenían el mismo resplandor bravío y siniestro de aquellos ojos que habían fascinado a Estela; igualmente agudos y separados eran, los dientes que blanqueaban entre aquellas bocas contraídas por la atención dada a ese hombre que les hablaba en su bárbaro idioma, con la rapidez y soltura de la lengua materna.
¡Oh Dios, y qué hombrecitos había allí pintados de las señales de los azotes que les daban, las espaldas negras de las heridas y palos, con unos enjalmillos más para cobertura que vestidura; otros solamente en paños menores cubiertas sus vergüenzas, y tan rotos que casi todo se les parecía; herrados en la frente y argollas de hierro en los pies; las cabezas trasquiladas, los ojos pelados y comidas las pestañas del humo y hollín de la casa; por lo cual, todos tenían los ojos muy malos y blanqueaban con la ceniza sucia de la harina, como cuando los luchadores que quieren luchar se polvorean con tierra!
El humo tenue de los cigarrillos de Oriente ondeaba en sutiles espirales en el círculo de luz de la lámpara atenuada por la pantalla de encajes antiguos. Blanqueaban las frágiles tazas de china sobre el terciopelo color de sangre de la carpeta, y en el fondo del frasco de cristal tallado, entre la transparencia del aguardiente de Dantzig, los átomos de oro se agitaban luminosos, bailando una ronda, fantástica como un cuento de hadas.
Un método habitual era hacer tres tomas idénticas en blanco y negro en algún tipo de película pancromática con filtros de color (azul, verde, rojo), los negativos obtenidos se revelaban y se obtenían copias en papel fotográfico de bromuro de plata, se blanqueaban y endurecían según se ha indicado.
Las pieles se curtían y blanqueaban sumergiéndolas en orina añeja o soluciones de palomina, gracias a que contienen urea y ácido úrico, respectivamente; la primera se transforma en amoniaco cuando se almacena largo tiempo, y también se usaba su capacidad blanqueante con las manchas persistentes de los tejidos.
Por ejemplo, ya en el año 400 antes de nuestra era, los griegos se blanqueaban la piel del rostro con polvos hechos de carbonato de plomo.
Sus gruesas paredes están hechas de lajas, adobes y piedras unidas con barro y con barro repelladas, los techos se construían con palos y cañas y se cubrían con tejas o launa que no evitaba las goteras en los días de lluvia o nieve. Tanto las paredes exteriores como las interiores se blanqueaban todos los años en ocasión de las fiestas del patrón usando cal.
Los romanos preferían el vino blancos (en realidad de un color ambarino), por esta razón los vinos tintos se blanqueaban, se les añadían productos para clarificar el vino tras la fermentación: cola de pez, polvo de mármol, clara de huevo, gelatina y en algunas ocasiones hasta sangre de cerdo.