blanquecino


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  • adjetivo

Sinónimos para blanquecino

blancuzco

Sinónimos

Diccionario Manual de Sinónimos y Antónimos Vox © 2022 Larousse Editorial, S.L.
Ejemplos ?
El alba empezaba a asomar, y el grupo de pequeñas ánimas, mientras se desprendía suavemente del matorral, fue elevándose con lentitud hacia el cielo. Igual que una nube de la mañana, ascendió y desapareció en el azul blanquecino del cielo.
¿De qué color es vuestro sol bien exâminado? Blanquecino muy ceniciento, dixo el Saturnino, y quando dividimos uno de sus rayos, hallamos que tiene siete colores.
El cielo de Asturias, cuando no gris, de un azul blanquecino, siempre toldo benigno que resguarda del calor o del frío, dejando sólo filtrarse la humedad, tiene, sin embargo, algunos días excepcionales, pocos y en el rigor del verano, de azul intenso, de luz rabiosa, que Andalucía envidiara.
Lo fértil y risueño de su falda, donde reina una perpetua primavera; la abundante y lozana vegetación de sus empinadas lomas; su elevada cima cubierta de escorias y cenizas, que se bañan por la tarde de un apacibilísimo color de púrpura, y el penacho de humo, ya blanquecino, ya negruzco, ya dorado por los rayos del sol, que corona su frente, forman un todo tan grande y tan magnífico, que visto una vez no se olvida jamás, porque nada puede borrarlo de la fantasía.
La atmósfera estaba pesada y ardiente y el sol ascendía al cenit en un cielo plomizo ligeramente brumoso. En la arena gris y movediza hundíanse los pies, dejando un surco blanquecino.
Los obreros fijaban una mirada recelosa en cada lucecilla que brillaba en las tinieblas, creyendo ver a cada instante aparecer aquel blanquecino y temido resplandor.
Nuestros caballos, extenuados por jornada tan penosa, alargaban el cue-llo, que se bajaba y se tendía en un vaivén de sopor y de cansancio: Con los ijares fláccidos y ensangrentados, adelantaban trabajosamente enterrando los cascos en la arena negra y movediza. Durante horas y horas, los ojos se fatigaban contemplando un horizonte blanquecino y calcinado.
mudo como un espectro. Por debajo de la capucha vislumbró aquel un semblante blanquecino como el ampo de la nieve. Su frente y sus ojos permanecían cubiertos bajo aquella aparente mortaja.
De pronto notó que un humo blanquecino brotaba del piso como irrumpiendo por la hende-duras de las puertas y ventanas que daban a la calle.
Mientras tanto, aquel humo blanquecino que emergía de la tierra aceleró su abundancia y prosiguió cubriéndolo todo con una más espesa tiniebla; ya nada se distinguía perfectamente y él aparentaba flotar en el aire, pues sus pies no sentían la dureza del suelo.
Esta llama de vientre gris blanquecino — cuya ansia agita la lengua en frías lejanías, hacia una altivez cada vez más pura dobla el cuello — una serpiente erguida de impaciencia: este signo he puesto yo delante de mí.
De vez en cuando ponía los belfos en contacto con la arena y resoplaba con fuerza, levantando nubes de polvo blanquecino a través de las capas inferiores del aire que sobre aquel suelo de fuego parecían estar en ebullición.