blusa


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Sinónimos para blusa

camisa

Sinónimos

Diccionario Manual de Sinónimos y Antónimos Vox © 2022 Larousse Editorial, S.L.
Ejemplos ?
Blanqueaba apenas el alba, cuando sintió Amado que llamaban a su puerta; echose de la cama, se puso aprisa una blusa y un pantalón de lienzo que vio colgados de un clavo, y fue a abrir.
El boticario tronaba: ¡Vacíala!, ¡límpiala!, ¡vuelve a ponerla en su sitio!, ¡pero date prisa! Y sacudiendo a Justino por el cuello de su blusa, le hizo caer un libro de su bolsillo.
Por fin se puso la blusa, cogió el sombrero, sujetó una espuela a la bota y salió a galope tendido, y a todo to largo de la carretera el tío Rouault, jadeante, se consumía de angustia.
Ella era una mujeraza: abundante en carnes, un poco despeinada, aunque muy limpia en su persona. El delantal impecable, la blusa como nueva y los zapatos de charol, relucientes.
Del fondo del antiguo cofre que guarda las históricas y queridas reliquias, se ha sacado una: manos bellas y delicadas van a ceñiría al bizarro busto del guerrillero: la blusa roja, terror de los galones, dice a los pretorianos: ¡PASO!
La tierra parecía desperezarse, después del letargo del invierno, y un poco de calor tibio acariciaba su superficie... El conde vistió la blusa, no sin haber cumplido antes esos ritos de aseo necesario al hombre civilizado.
Y aun este dinero se lo colocaba el administrador o capataz de la finca, por orden de la condesa, en los bolsillos de la blusa en paquetitos pulcros.
El mozo de la posta, que cada mañana venía a cuidar la yegua, atravesaba el corredor con sus gruesos zuecos; su blusa tenía rotos, sus pies iban descalzos dentro de las pantuflas.
Ese obrero que pasa por la calle con su blusa azul lavada por la mujercita cariñosa y que tiene las manos ásperas por el trabajo duro, vale más que tú porque quiere a alguien, y el anarquista que guillotinaron antier porque lanzó una bomba que reventó un edificio, vale más que tú porque realizó una idea que se había encarnado en él!
Todos los días a la misma hora el maestro de escuela, con su gorro de seda negro, abría los postigos de su casa y pasaba el guarda rural con su sable sobre la blusa.
Iban descalzos, andrajosos, mostrando por los boquetes de la blusa la carne costrosa, libre de camisa, con la cara pálida, la piel temblona por el hambre de muchos años y el horrible aspecto de náufragos arrojados a una isla desierta.
Suave Patria: te amo no cual mito, sino por tu verdad de pan bendito, como a niña que asoma por la reja con la blusa corrida hasta la oreja y la falda bajada hasta el huesito.