Ejemplos ?
Y el maestro de armas, que había contraído las cejas cuando se viera amenazado de un bofetón, al oír los sollozos del padre se aproximó a él, no sin dirigir antes expresivo guiño a los oficiales que le cercaban.
Allí los amos estaban de aquel pedazo de llano, ya convertido en pantano por lluvias que no amainaban. Y no pensaba el rentero que el amo estaba al abrigo del bofetón del hostigo y el frío del aguacero.
Concurre a los bailes llamados «de candil», donde entra sin que nadie le presente, y donde su sola presencia difunde el terror; arma camorra, apaga las luces, y se escurre antes de la llegada de la policía, y después de haber dado unos cuantos palos a derecha e izquierda; en las máscaras suele mover también su zipizape; en viendo una figura antipática, dice: «aquel hombre me carga»; se va para él, y le aplica un bofetón...
Y comprendió también que él no podía hablar, que no podía acusar, ni apremiar, ni maldecir; que no encontraría frases ni fundamentos para su requisitoria; que carecía de base todo, todo..., y que sólo podía hacer una cosa terrible: estrangularla y ponerle luego sobre el rostro la maldita careta, como bofetón de ignominia...
Alonso y Lope, el uno estrujando en silencio entre sus manos el birrete de terciopelo, cuya pluma arrastraba por la alfombra, y el otro mordiéndose los labios hasta hacerse brotar la sangre, se clavaron una mirada tenaz e intensa. Una mirada en aquel lance equivalía a un bofetón, a un guante arrojado al rostro, aun desafío a muerte.
No hay para qué decir el recibimiento que se le hizo en su casa al despojado. Sobre un bofetón ¡caben tantos otros! ¡Y las costillas de un pequeñuelo reciben tan perfectamente la punta de la bota de un hombre!
Pero si nunca me ha dicho una palabra de ello. Me conoce, y sabe que si se atreviese a decirme cualquier cosa le daría un bofetón.
Entonces conoció a Elisa… Ella era lo inverso a él; generosa, llena de bondad y virtudes. Fue como un bofetón que invalidó su comportamiento y le hizo traslucir una esperanza.
Y yo las estaba viendo mientras la lluvia caía sin cesar, de pie yo con mi cubo de basura. Alguien me cogió por el talle... -Pero tú le propinaste un buen bofetón, muy sonoro por cierto. -No sabía que fueses tú.
Aqui cedo la palabra al cronista anónimo cuyo manuscrito, que alcanza hasta la época del virrey Toledo, figura en el tomo VIII de documentos inéditos del archivo de indias: “El Inca alzó entonces la mano y dióle un bofetón al español.
Eustaquio no pudo tolerar pacientemente ante su esposa una afrenta semejante, más humillante aún que un bofetón, y a pesar de los esfuerzos de Javotte por retenerle, se lanzó sobre su adversario, que se iba, y le soltó un mandoble que habría honrado al brazo del valeroso Roger si la espada hubiera sido una tizona; pero, desde las guerras de religión no cortaba, y ni siquiera rompió el correaje del soldado; éste cogió sus dos manos con las suyas de modo que la espada cayó enseguida y Eustaquio se puso a gritar tan fuerte como pudo arremetiendo a patadas contra las botas de su verdugo.
Y como el niño, al sentir el frío, hiciese un momo de llanto, la embaidora se dio prisa y le tiró de una manga del abrigo, y luego de la otra, atizándole, para acallarle, un bofetón de los que quitan el aliento.