boticario


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Sinónimos para boticario

farmacéutico

Sinónimos

Diccionario Manual de Sinónimos y Antónimos Vox © 2022 Larousse Editorial, S.L.

Sinónimos para boticario

farmacéutico

Ejemplos ?
El boticario, contestando al traslado, puso al querellante de camueso y farfullero que no había por dónde cogerlo; y lo peor es que con el manipulador de pildoras, ungüentos y jaropes hicieron causa común los demás del gremio, entusiastas creyentes en la Astrología y sus maravillas, á pesar de que ya empezaba á popularizarse la redondilla que dice: El mentir de las estrellas es muy seguro mentir, porque ninguno ha de ir á preguntárselo á ellas, redondilla que, en nuestro siglo, ha sido reemplazada con esta otra de autor anónimo: Sobre microbios mentir, es mentir de gente sabia, pues se llega á conseguir dejar á todos en Babia.
- ¡Y matarlos! -murmuraron hasta quince voces. - ¡Yo me encargo del boticario! -exclamó un chico. - ¡De ése nos encargamos todos!
Tu padre sin duda causó su muerte por imprudencia suya, y Coppelius no es culpable. ¿Creerías que ayer pregunté a un viejo vecino boticario si los experimentos químicos podían causar explosiones mortales?
(dijo un fraile con voz de figle) he asfixiado a dos capitanes, dejando carbón encendido en su celda, que antes era mía! - ¡Y ese infame boticario los protege!
Comedia que a él le perjudicaba mucho, pues, sin duda por imitarle, aquel desconocido, boticario probablemente, se le atravesaba en todas sus cosas: en el paseo, en el corredor, en el gabinete de lectura y en los lugares menos dignos de ser llamados por su nombre.
Sacó, en esto, Monipodio un papel doblado de la capilla de la capa, donde estaba la lista de los cofrades, y dijo a Rinconete que pusiese allí su nombre y el de Cortadillo; mas, porque no había tintero, le dio el papel para que lo llevase, y en el primer boticario los escribiese, poniendo: Rinconete y Cortadillo, cofrades: noviciado, ninguno; Rinconete, floreo; Cortadillo, bajón"; y el día, mes y año, callando padres y patria.
Viva aquí el abogado que en su oficio hace blanco lo negro, y que defiende la virtud ofendida como el vicio. Y el médico aquí viva, que se entiende con algún boticario, y nos receta drogas que a medias con aquel nos vende.
El personaje ideal, pero de carne y hueso, que ambos se habían forjado cuando se odiaban y despreciaban sin conocerse, era el que subsistía; el amigo real, pero invisible, de la correspondencia y de la teoría común, quedaba desvanecido... Para Fonseca el Gilledo que había visto seguía siendo el aborrecido archivero; y para Gilledo, Fonseca, el odioso boticario.
Pensando en quién pusiese, finalmente, de toda la gatesca bizarría, la dulce enamorada fantasía para verse de amor convaleciente, se le acordó que enfrente de su casa vivía un boticario de cuyo cocinante vestuario una gata salía, que la bella Mizilda se decía, y, sentada tal vez en su tejado, miraba, como dama en el estrado, los nidos de los sabios gorriones, dejando pulular los embriones, y, en viendo abiertos los maternos huevos, comerse algunos de los ya mancebos.
El boticario del lugar era un filósofo racionalista y descreído. Apenas había acto piadoso que él no condenase como superstición o ridícula impertinencia.
Contra lo que más declamaba, era contra el rezo en que se pide a Dios o a los santos que hagan alguna cosa para cumplir nuestro deseo. La censura del boticario subía de punto cuando trataba de plegarias que iban acompañadas de promesas.
En los escaparates se ostentaban también algunos elegantes frascos de drogas; pero con el pretexto de que hoy se necesitaba tal bálsamo y mañana cual menjurje, llegó el boticario a arrancarle a su socio todas las muelas que tenía bajo tierra.