botica

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Sinónimos para botica

farmacia

Sinónimos

Diccionario Manual de Sinónimos y Antónimos Vox © 2022 Larousse Editorial, S.L.

Sinónimos para botica

apoteca

Ejemplos ?
Allí se encontraban los principales hitos de la vida ciudadana, como almacenes, boticas, relojerías, restaurantes, peluquerías, los célebres hoteles Central, Fénix y Municipal, negocios de abastos, la sucursal de la Caja Nacional de Ahorros (hoy BancoEstado), el Servicio de Investigaciones, una fábrica de barriles mieleros, la Fábrica Nacional de Fósforos, la Notaría y Conservador de Bienes Raíces de Caupolicán, la Escuela Superior de Niñas de Caupolicán (actual recinto de la Biblioteca Municipal y de la Casa de la Cultura de Rengo), la Secretaría de la Asociación de Fútbol de Rengo, juzgados y el Edificio de la Gobernación, que estuvo en lo que es hoy la Municipalidad y el edificio de Correos, en los tiempos en que Rengo era capital departamental.
Son igualmente característicos los albarelos y orzas decorados con el escudo de las órdenes de las boticas de los conventos a los que iban destinados.
Sin embargo, en los casinos, boticas y demás círculos, digámoslo así, de Vilamorta y Cebre, como también en los atrios y sacristías de las parroquiales, se hubo de convenir en que Gondelle cazaba muy largo, y en que a Inesiña le había caído el premio mayor.
En su solicitud, todo lo refería a papacito; quería rodearlo, envolverlo en lo que ella más amaba; traíale a la cama las flores, los abanicos-anuncios que le regalaban en las boticas, su favorito Almamía, las estampitas de la Virgen.
Las farmacias, boticas, droguerías y similares deberán exhibir de manera visible, además del valor final impreso en cada uno de los medicamentos o bienes de expendio, la lista del precio oficial de los medicamentos básicos, aprobados por la autoridad competente.
Y su nombre no había de ser boticario, sino armeros, ni sus tiendas no se habían de llamar boticas, sino armerías de los doctores, donde el médico toma la daga de los lamedores, el montante de los jarabes y el mosquete de la purga maldita, demasiada, recetada a mala sazón y sin tiempo.
¿Se ha visto nunca modo más arrogante de alabarse a sí mismo en un cartel que forra los edificios de media calle?, y ¿para qué?, para producir versos prosaicos y una tragedia soporífera que debía hallarse en todas las boticas en lugar de opio; no digo nada, el de Orruc Barbarroja, cuyo autor se nos ha querido vender, y no menos petulantemente, por segundo Homero, con decir que es ciego; eso es una lástima; lo siento mucho; pero ¿qué culpa tienen las musas para que las asiente palos talmente de ciego?
A los indios del Cuzco les hizo creer algún bellaco que los belethmitas degollaban a los enfermos para sacarles las enjundias y hacer manteca para las boticas de Su Majestad (sic).
El agua eterna siempre agua, empujando las locomotoras, haciendo navegar a los buques, surgiendo de los pozos artesanos, vendiéndose a peso de oro en las boticas, lavando las ropas en todo género de vasijas, entrando en la confección de las comidas, sirviendo para inyecciones higiénicas o ahogando gentes en las inundaciones, continúa su ruta bajo el imperio de las fuerzas físicas, de la planta a los cielos, del corazón a los ojos para desprenderse en lluvia de lágrimas sobre las mejillas abatidas.
Es verdad que siempre ha habido casino, sólo que antes, para los ricos, se llamaba la casilla, y estaba en la botica, y para los pobres, el casino estaba en la taberna. Pero, en el día, ni las boticas ni las tabernas han acabado, y todo lugar, por pequeño que sea, pulula, hierve en casinos.
Porque ni el Casino de la Amistad, con sus mesas de tresillo y su gabinete de lectura, ni otros pequeños centros de reunión que se formaban en cafés, boticas y tiendas, equivalían, desde que empezaron las largas y lluviosas veladas de otoño, a mi querido paraíso.
El viudo no va triste del caso y viudez, sino de ver que pudiendo él haber enterrado a su mujer a un muladar y sin coste y fiesta ninguna, le hayan metido en semejante barahúnda y gasto de cofadrías y cera, y entre sí dice que le debe poco, que ya que se había de morir, pudiera haberse muerto de repente, sin gastarle en médicos, barberos ni boticas, y no dejarle empeñado en jarabes y pócimas.