Ejemplos ?
Hubo un momento en que el bramar de la tempestad del exterior pareció fundirse con el texto, y el chapoteo de la lluvia se alargó hasta dar la impresión del prolongado espumajeo de las olas del mar.
Y si es verdad lo que yo digo y aquel, persuadido del demonio, por quitar y privar a los que están presentes de tan gran bien, dice maldad, también sea castigado y de todos conocida su malicia.” Apenas había acabado su oración el devoto señor mío, cuando el negro alguacil cae de su estado y da tan gran golpe en el suelo que la iglesia toda hizo resonar, y comenzó a bramar y echar espumajos por la boca y torcella, y hacer visajes con el gesto, dando de pie y de mano, revolviéndose por aquel suelo a una parte y a otra.
Y una que trajo de color de oro mayo gentil espléndida mañana, con sol de fuego que arrancó resinas de las olientes montaraces jaras, e hizo bramar al encelado ciervo junto al aguaje en que su sed templaba...
No tenían leña, ni podían buscarla a aquellas horas. Un viento helado penetraba por las rendijas del postigo, y se le oía bramar en la chimenea.
I - Yo he sentido bramar al ronco viento Del helado Diciembre en noche obscura, Remedando de un hombre el triste acento De roto murallón en la hendedura.
¿Qué otra cosa nos queda que suplicar humildemente vuestro perdón? - ¡Apartaos todos de mi vista! - volvió a bramar el Patriarca -. Tú, Wu-Kung, no.
No se tardó mucho en oír bramar al presidente y, a pesar de todos los cuidados de la Duclos, la pequeña Hébé volvió hecha un mar de lágrimas; había incluso algo más que lágrimas, pero no nos atrevemos aún a decir lo que era; las circunstancias no nos lo permiten.
LXIII Pisó el cénit, y absorto se embaraza, rayos dorando el sol en los doseles que visten, si no un fénix, una plaza, cuyo plumaje piedras son noveles, de Dafnes coronada mil, que abraza en mórbidos cristales, no en laureles; turbado las dejó porque celoso a Júpiter bramar oyó en el coso.
Sobre ella los vivos cantan, A par de ruidosa orquesta, Cantares que se levantan Hasta los pies del Señor: Sobre ella flota el perfume Que la atmósfera embalsama, Y en oblación se consume Oro y mirra al Criador. Sobre ella en noche lluviosa, Al bramar del viento bravo, Armonía misteriosa En el templo se hace oír.
Tristes y a espacio caminan al crepúsculo del sol, por medio de un campo estéril, sin ave, fuente, ni flor. Las cumbres están nevadas, y en espantoso turbión, se oyen bramar los torrentes con honda y cóncava voz.
Un himno alcemos jamás oído, del remo al ruido del viento al son, y vuelve en alas del libre ambiente la voz ardiente del corazón. Yo a un marino le debo la vida, y por patria le debo al azar una perla -en un golfo nacida- al bramar sin cesar de la mar.
No envidies del mar salado El ronco bramar sañudo, Ni de sus hinchadas olas El atronador tumulto: Ni la furia del torrente Que hasta su lecho profundo, Desde la escarpada sierra Baja entre revueltos tumbos.