Ejemplos ?
¡La ley, en vez de protegerla, obligaba a la hija de la víctima a vivir bajo el mismo techo, maritalmente con el asesino! -¡Qué leyes, divino Señor de los cielos! ¡Así los bribones que las hacen las aguantaran! -clamaba indignado el coro-.
No sé si querrán los señores Directores meter enredo. Tampoco los creo tan bribones que digan que estoy ya pagado de mis sueldos, porque la cuenta es muy clara.
Pero el sentimiento personal de Godinot Chevassut era el mismo que el del sabio Carlos IX, a saber, que no se puede establecer ninguna virtud por encima del ingenio y la destreza, y que las gentes que lo poseen son los únicos dignos de ser admirados y honrados en este mundo; y en ninguna parte encontraba estas cualidades más brillantes y mejor desarrolladas como en la gran sociedad de los rateros, estafadores, bribones y vagabundos, cuya vida generosa y trucos singulares se desarrollaban cada día ante él con una inagotable variedad.
Comunidades benéficas, de pósitos, de disfrute de montes y de pastoreo, etc., etc., según las condiciones de cada municipio, a fin de que el vecindario tenga le seguridad de que, no obstante albergar en su seno un considerable número de bribones, éstos no impiden que todo el mundo coma, por muy mal dadas que vengan.
-Querida mía -dijo míster Micawber con cierta pasión-, quizá sea mejor que yo declare ahorra mismo aquí que si desarrollara mis puntos de vista ante esta reunión, probablemente los encontrarían ofensivos, porque mi impresión es que todos los miembros de tu familia son, en general, unos impertinentes snobs, y en detalle, unos bribones sin paliativo.
Que estas tontas criaturas se persuadan, se convenzan de que la existencia de Dios es una locura que no tiene hoy en el mundo más de veinte seguidores, y que la religión que invocan no es más que una fábula ridículamente inventada por bribones cuyo interés en engañarnos es evidente ahora.
Llega Reinaldo, y cuando ve aquel brete, con gritos los bellacos acomete. Volvieron las espaldas los bribones, cuando el socorro vieron acercarse y huyeron hacia más densos rincones.
Y sin podérselo explicar se decía que el más educado de esos bribones era de una grosería solapada y profunda, todos envidiosos hasta el tuétano y más desalmados e implacables que cartagineses.
Pero como los dioses son arteros de corazón, no me sorprende al escribir mis memorias enterarme de que Enrique se hospeda en uno de esos hoteles que el Estado dispone para los audaces y bribones.
Y él dice: "¡Mentira! Sois dos bribones que vais engañando al mundo y robando las limosnas de los pobres. ¡Fuera de aquí!" Y no nos abre y nos tiene allí fuera aguantando la nieve y la lluvia, el frío y el hambre hasta la noche.
¡Estos nacidos en América, que se avergüenzan, porque llevan delantal indio, de la madre que los crió, y reniegan, ¡bribones!, de la madre enferma, y la dejan sola en el lecho de las enfermedades!
Dos o tres bribones pagados por el presidente se cuidaron del asunto, y antes que terminara el mes el desgraciado mozo de cuerda se vio envuelto en un crimen imaginario supuesta mente cometido ante la puerta de su casa y que lo condujo pronto a los calabozos de la Conciergerie.