Ejemplos ?
Profesaba Noval, sin grandes teorías, una escuela de naturalidad escénica, de sinceridad patética, de jovialidad artística, que exigía, para ser apreciada, condiciones muy diferentes de las que existían en el gusto y las costumbres del público, de los autores, de los demás cómicos y de los críticos.
Y en el teatro de los anamitas, los cómicos vestidos de panteras y de generales, cuentan, saltando y aullando, tirándose las plumas de la cabeza y dando vueltas, la historia del príncipe que fue de visita al palacio de un ambicioso, y bebió una taza de té envenenado.
En el Real, su teatro predilecto, se habla, o mejor dicho, se canta en italiano; sus conversaciones particulares eran un pisto lingüístico, en el cual pisto entraba el castellano de contrabando y vergonzosamente; cuando por casualidad o por compromiso veíanse obligados a asistir a los teatros serios donde se representa en español, sus nociones, aunque rudimentarias, eran suficientes a entender, ya que no comprender, lo que los cómicos decían.
Si él no hubiera formado tan malas ideas de matar a aquel hombre, no se hubiera armado la tempestad que tenía, que descargar luego sobre él, ni hubiéramos oído aquellos trémulos truenos, o, por mejor decir, aquellos risibles golpes de mampara, a cuyo ruido lloran los niños en la cazuela, llueve como si frieran los cómicos la cena, etc., etc.
Y fue así como, en un rincón del restaurante de, me contó, entre conversación y conversación, los cuatro relatos de la serie sobre seres sobrenaturales que figuran en esta recopilación, y muchos cuentos cómicos y legendarios.
Habrán ustedes notado que cuanto más malo es un actor, más pretensiones tiene, en cuya debilidad se funda la razón del hecho palmario de que las compañías de la legua tengan por repertorio los dramas más peliagudos de Zorrilla o Bonchardy. Lo que digo de los cómicos sirve para los cantantes.
y basta de sermones. Enseñar sus defectos y sus deberes a los cómicos, es predicar en desiertos. Todo arte, todo libro, todo estudio, toda escuela, es desierto para nuestros cómicos.
Sosegué por completo y lloré mucho; pero lloré con alegría. Seis días estuve en cama, oyendo a doña Rita y a las visitas los comentarios, ya cómicos, ya tristes, de mi propia aventura.
«Si usted no quiere honra, y sí sólo el corto provecho que de aquí puede sacarse, es preciso tomar otro camino: póngase usted bien con los cómicos; mantenga usted un corresponsal en París, y cada correo una comedia de Scribe, que aquí las reciben con los brazos abiertos; busque usted medio de injerirse en las columnas de un periódico, y diga usted que todo va bien, y que todos somos unos santos; ajústese usted con un par de libreros, los cuales le darán a usted cuatro o cinco duros por cada tomo de las novelas de Walter Scott, que usted en horas les traduzca; y aunque vayan mal traducidas, usted no se apure, que ni el librero lo entiende, ni ningún cristiano tampoco.
Se impone un cambio de sistema; en efecto, Gargantúa va a París donde el genial Ponocrates (“hombres activo”) le hace partícipe de los beneficios de una educación completamente diferente. El viaje y la llegada a París no se desarrollan sin incidentes cómicos y grotescos.
Lo arrasan y lo que dicen locutores, cantantes, cómicos, actores, actrices, suele tener más atractivo y repercusión que lo que un devaluado profesorado intenta enseñar.
De diez años andaba Metastasio improvisando por las calles de Roma; y Goldoni, que era muy revoltoso, compuso a los ocho su primera comedia. Muchas veces se escapó Goldoni de la escuela para irse detrás de los cómicos ambulantes.