ceño


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  • sustantivo

Sinónimos para ceño

Ejemplos ?
En aquel momento de silencio se abrió una puerta, y, como en el festín de Balthazar, Dios hizo acto de presencia y apareció bajo la forma de un viejo sirviente, de pelo blanco, andar vacilante y de ceño contraído.
El mozo que hoy en el río las habló y siguió después; hallar a la puerta a Inés y hablarme con tanto brío; de Anarda el airado ceño hoy, porque al coche llegué: todo dice, o nada sé, que esta casa tiene dueño.
Los médicos entraron; el buchón de la cara irónica con el ceño fruncido, el de la corbata lila y las doradas patillas más caricontento y más orondo que nunca.
Madame, fruncido el ceño, nublada la faz, respondió sin dureza, pero con poca dulzura: -De sobra lo sabía la señorita, de sobra...
-¡Que así se haga!- Exclamaron otra vez casi todos, porque TEZCATLIPOCA, el moreno, seguía como a punto de reírse y QUETZALCOATL, fruncía el ceño, como adivinando lo que podría suceder.
Toda pasión, toda vida, toda excelsitud pasada, desde la cumbre sagrada quería ser comprendida… Y como la palma erguida sobre la mutable arena, presidiendo aquella escena con dulce, con noble ceño, yacía Cristo en su leño ¡cual una blanca azucena!
—Pobre diablo: queríamos únicamente divertirnos con él y tomó la cosa demasiado a lo serio —exclamó el Juez frunciendo el ceño de tigre—.
Él era, sí, por el cruzado embozo asomando el semblante macilento, con ceño torvo y fatigado aliento, cubierta de sudor la osada frente, y empuñando el acero refulgente hasta el torcido gavilán sangriento.
En una tarde nublada Del turbio enero venía Por una dehesa que guía De Palencia a Torquemada, Un hombre mal ataviado, Cuyo traje y porte fiero Le daban por extranjero, Aunque no por muy honrado. Traía el ceño fruncido, A través del cual brillaban Dos ojos que a par miraban Con insolencia y descuido.
– Habla, bribón –dijo el señor, con el mismo aspecto de su padre, ése tan especial que tenía cuando se enfadaba (parecía como si las arrugas de la frente formaran la misma aterradora herradura en el ceño)– ¡Habla!
Mis sueños, cuando apenas muchacho adolescente, mis sueños cuando joven, ya lleno de vigor, fueron el verte un día, joya del Mar de Oriente, secos los negros ojos, alta la tersa frente, sin ceño, sin arrugas, sin manchas de rubor.
Un no rompido sueño, un día puro, alegre, libre quiero; no quiero ver el ceño vanamente severo de quien la sangre ensalza o el dinero.