cochero


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Sinónimos para cochero

auriga

Sinónimos

Sinónimos para cochero

auriga

Sinónimos

Ejemplos ?
Sócrates: Basta. ¿Quién juzgará mejor, Ion, si Homero habla bien o mal en estos versos, un médico o un cochero? Ion: El cochero sin duda.
Y bailaron el cochero y la cocinera, el criado y la criada, y todos los huéspedes, hasta la misma badila y las tenazas, si bien éstas se fueron al suelo a los primeros pasos.
Ion: El cochero juzgará mejor. Sócrates: Porque tú eres rapsodista y no eres cochero. Ion: Sí. Sócrates: ¿El arte del rapsodista es distinto que el del cochero?
HERNANDO. El cochero me dirá cómo se llama. (Vase.) (Salen ANARDA y JULIA con mantos, y Don JUAN .) (Vase HERNANDO, GARCIA se esconde a un lado, y por el opuesto salen ANARDA, JULIA y Don JUAN .) = ( ANARDA y JULIA con mantos; DON JUAN .
Pronto aparecimos en una llanura donde, junto a un bosquecillo, nos esperaba un coche con cuatro vigorosos caballos; subimos y el cochero les hizo galopar de una forma insensata, Mi brazo rodeaba el talle de Clarimonda y estrechaba una de sus manos; ella apoyaba su cabeza en mi hombro y podía sentir el roce de su cuello semidesnudo en mi brazo.
SANTILLANA Aun yo, que soy su escudero, arriba no he de subir. DOÑA BERNARDA A su gusto ha de vivir mi casa. Aquese cochero despediréis, Santillana. Saquen primero la ropa.
Caminando con el alba, con su semblante risueño me acompañó hasta la vista de la venta de Viveros, en cuya bajada alcanzo coches y carros, y entre ellos uno que, volcado, imita faetontes atrevimientos. La pasada tempestad y el descuido de un cochero, lazos armó de un mal paso, que dio con todo en el suelo.
Otras, olvidando que Juárez paseaba en un coche de mulas, ponen coche de viento y de cochero a una pomba de jabón; el lujo venenoso, enemigo de la libertad, pudre al hombre liviano y abre la puerta al extranjero.
De modo que Kovaliov iba a ordenar ya al cochero que le condujera a la Dirección de Seguridad, cuando de nuevo le asaltó la idea de que aquel redomado bribón, que con tanta desfachatez se había comportado durante la primera entrevista, podía muy bien aprovechar el tiempo para escabullirse de la ciudad y todas las pesquisas serían entonces inútiles o podían durar un mes entero si Dios no ponía remedio.
No sé cómo saqué de la vaina de cuero el puñalito toledano damasquinado y cincelado como una joya que llevo siempre conmigo y lo enterré dos veces en la carne blanda; sentí la mano empapada en sangre tibia, envainé el arma, bajé en dos saltos la escalera oyendo los gritos y me metí en un fiacre dándole al cochero las señas del escritorio de Miranda.
Nada más tomar esta decisión, ordenó al cochero que le llevara a la oficina de publicidad, y fue todo el trayecto aporreándole la espalda con el puño, repitiendo: «¡Date prisa, miserable!
Melchor Ortiz Rojano era a la sazón primer regente de la Audiencia, y tenía por cochero a un negro, devoto del aguardiente, quien después de dejar a su amo en palacio, fue seducido por los andaluces, que le regalaron media pelucona a fin de que pusiese el carruaje a disposición de ellos.