cocodrilo


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Sinónimos para cocodrilo

crocodilo

Sinónimos

  • crocodilo
Ejemplos ?
Después los perseguíamos en el agua como los indígenas, y les introducíamos largos pinchos por las fauces. En resumen, que llegamos a sabernos de memoria todo lo relativo al cocodrilo, por lo menos yo.
Si me habré bancado movilizaciones acá adentro, de aquella vieja jubilada Norma Pla, que le hizo llorar lágrimas de cocodrilo a algún ministro de Economía.
Sobre la onda pura del Ganges se mece la simbólica flor del loto, y en la ribera aguarda su víctima el cocodrilo, verde como las hojas de las plantas acuáticas, que lo esconden a los ojos del viajero.
Allí, entre el musgo de olvidada roca, Duerme el tigre feroz harto y tranquilo; Y de una cueva en la entreabierta boca, Solitario se arrastra el cocodrilo.
Sentirás por ellas más compasión que deseos. ¡Cuántas veces te asustarás al ver un cocodrilo adormecido en el fondo de la fuente de los placeres!
Los políticos oportunistas e hipócritas quienes quieren cubrir su cobardia y su interés egoísta con los encajes de una civilización que desconocen, haciendo alarde de sensiblería y de histerismo creen sentar plaza de hermanos; cuando en realidad se encuentran moralmente al nivel de tres animales inferiores: la hiena, el cocodrilo y el ratón; porque les gusta comer cadáveres, porque lloran y porque son el azote de los graneros públicos.
¿Pensarás que, como suele en la enemiga ribera el cocodrilo atraer al peregrino a sus quejas, y, alevosa la piedad, a su rüina le lleva, que así tú, al hechizo blando de tus fingidas cautelas, aunque el peligro conozca, harás que al peligro vuelva?
Un escudero apareció en el dintel con un manojo de llaves en la mano, restregándose los ojos y enseñando al bostezar una caja de dientes capaces de dar envidia a un cocodrilo.
Por el contrario, me parece haber paseado a lo largo de un sendero de flores hasta llegar al libro del cocodrilo, y haber sido ayudado todo el camino por el cariño y la dulce voz de mi madre.
Una noche estábamos (como siempre cuando mi madre había salido) sentados, en compañía del metrito, del pedazo de cera, de la caja que tenía la catedral de Saint Paul en la tapa y del libro del cocodrilo, cuando Peggotty, después de mirarme varias veces y abrir la boca como si fuera a hablar, sin hacerlo (yo pensé sencillamente que bostezaba; de no ser así me hubiera alarmado mucho), me dijo cariñosamente: -Davy, ¿te gustaría venir conmigo a pasar quince días en casa de mi hermano, en Yarmouth?
Vences al cocodrilo en prudencia y al lince en perspicacia; pero, ¿cómo has sabido que Parsondes puede vivir aún, y que, si ha muerto, Nanar ha sido su asesino?
En la otra orilla un cocodrilo permaneció aletargado sobre la ciénaga con las fauces abiertas, con los ojos vueltos hacia el sol, inmóvil, monstruoso, indiferente, como una divinidad antigua.