corneja

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  • sustantivo

Sinónimos para corneja

chova

Sinónimos

buharro

Sinónimos

Ejemplos ?
No sufría más que por su amor, y sentía que su alma la abandonaba por este recuerdo, como los heridos que agonizan sienten que la vida se les va por la herida que les sangra. Caía la noche, volaban las cornejas.
Parecia que mirando las estrellas, clavada boca arriba en aquel suelo, estaba a contemplar el curso dellas; d’allí nos alejábamos, y el cielo rompia con gritos ella y convocaba de las cornejas el superno vuelo; en un solo momento s’ajuntaba una gran muchedumbre presurosa a socorrer la que en el suelo estaba.
Se hallaba un día el hermano Simón en el bosque en oración experimentando gran consolación en su alma, cuando una bandada de cornejas comenzó a molestarle con sus graznidos; él entonces les mandó, en nombre de Jesús, que se marcharan y no volvieran.
Así, la casa está siempre envuelta en un silencio profundo, solamente interrumpido por el clamor de las campanas, el canto de los oficios, que trasciende de los muros de la iglesia, y el grito de las cornejas que anidan en la cúspide de los campanarios.
Vi reunirse grandes bandadas de cornejas y de cuervos, a cuáles más negros, que fueron a posarse en el buque abandonado que yacía en la arena; la Muerte parecía reinar en él.
Las dos cornejas se inclinaron respetuosamente y manifestaron que optaban por el empleo fijo, pues pensaban en la vejez y en que sería muy agradable contar con algo positivo para cuando aquélla llegase.
¡Muerta ciudad de señores, soldados o cazadores; de portales con escudos de cien linajes hidalgos, y de famélicos galgos, de galgos flacos y agudos, que pululan por las sórdidas callejas y a la medianoche ululan, cuando graznan las cornejas!
Entonces refirió cómo había oído en el mar la conversación de las cornejas, y cómo todo lo que había hecho era necesario para salvar a su amo.
Soplaba por el patio de honor y resonaba como la bocina del portero, pero no había ya portero; hacía girar la veleta de la torre del homenaje, lo que producía un ruido sordo que se habría tomado por los ronquidos del vigía, pero hacía tiempo que el vigía se había marchado; solo los búhos y las cornejas reinaban en la torre.
Pasaron volando por encima de ciudades y lagos, de mares y países; debajo de ellos aullaban el gélido viento y los lobos, y centelleaba la nieve; y encima volaban las negras y ruidosas cornejas; pero en lo más alto del cielo brillaba, grande y blanca, la luna, y Carlos la estuvo contemplando durante toda la larga noche.
La princesa, parpadeando por entre la blanca hoja de lirio, preguntó qué ocurría. Margarita rompió a llorar y le contó toda su historia y lo que por ella habían hecho las cornejas.
Pasando campos y brezos llegaron a la choza de arcilla que por un escudo y medio al año habían alquilado; tan vacía estaba de muebles como la que acababan de dejar; las cuatro paredes y nada más. Cuervos y cornejas revoloteaban gritando con voz de zumba; ¡Crah, crah, crah!, como gritaban cuando talaron el bosque.