crepúsculo


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  • sustantivo

Sinónimos para crepúsculo

amanecer

Sinónimos

Ejemplos ?
III Hermoso es contemplar el sol en el confín vertiendo sobre el mar sus olas de carmín; y es bello al descender bañado en tibia luz un rayo del crepúsculo al nacer.
A la hora del crepúsculo regresó apresuradamente a su casa, sintiendo resonar terriblemente en sus oídos los gritos de la loca y del pequeño Merwin.
Fue entonces, en la agonía del crepúsculo, cuando creyó distinguir una vaga luminosidad en la desconcertante piedra de extraños ángulos.
Y a la hora del crepúsculo, temeroso de pasar de nuevo por aquel ominoso lugar, tomé el camino del sur, a pesar de que significaba dar un gran rodeo.
La monja guardó silencio y la vaga esperanza que yo había conservado hasta entonces, huyó como un pájaro que vuela en el crepúsculo: Yo sentí que era mi alma como viejo nido abandonado.
Mas no bien al crepúsculo indeciso, Tragó la luz de la amarilla luna, Cuando en cóncavo son tronó improviso Cañonazo de leva, ronco aviso De nave que invocaba a la fortuna.
La belleza de la vida terrenal se filtra resplandeciendo como en el crepúsculo y las invisibles fuentes, arremolinándose, murmuran melancólicas, todo te arrastra hacia abajo, eternamente hacia abajo.» – ¡Pobre Raimundo!
El crepúsculo comenzaba a extender sus ligeras alas de vapor sobre las pintorescas orillas del Segre, cuando, después de una fatigosa jornada, llegamos a Bellver, término de nuestro viaje.
Impulsado a obrar por un impulso ciego, se abrió camino a través de las malezas que lo rodeaban hasta llegar a un terreno más abierto: a su derecha, el arroyo; a su izquierda, una suave pendiente con unos pocos árboles; arriba, las sombras cada vez más densas del crepúsculo.
Se echó en la cama tiritando de frío, doblado en gatillo bajo el poncho, mientras los dientes, incontenibles, castañeteaban a más no poder. Al día siguiente el acceso, no esperado hasta el crepúsculo, tornó a mediodía, y Podeley fue a la comisaría a pedir quinina.
Obedecí, falto de toda voluntad, y entramos por una calle de huertos y casuchas bajas que humeaban en la paz del crepúsculo, esparciendo en el aire el olor de la pinocha quemada.
En untuosa resina convirtióse la fuente de mis lágrimas El corazón se fue con las raíces, y mi pasión humana, haciendo heridas en la ruda carne, fugaz me abandonaba. Frente al ancho crepúsculo de invierno yo torcía las ramas gozando de los ritmos ignorados entre la brisa helada.