cura


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Sinónimos para cura

tratamiento

Sinónimos para cura

abacate

Ejemplos ?
¡Cuándo serían las doce, señaladas por el paso del tren, para dejarse caer al suelo de golpe y mascar, ya medio dormido de cansancio, el corrusco de pan de maíz! El cura, no obstante, seguía vociferando caritativos insultos.
Don Francisco Severo Maldonado, cura de Mascota, en el Obispado de Guadalajara. : Don Miguel Cervantes y Velasco, Marqués de Salvatierra y Caballero Maestrante de Ronda.
Yo tamién tengo un pariente que es cura, y lo del parentesco es por condurto de una sobrina suya que es tamién argo parienta mía, y pasa to lo contrario: siempre el hombre está a güertas con que me quée en er pueblo sin más obligación que jacer to lo que él y la parienta me manden.
Ella lo sabía, y a pesar del terror que esta idea le producía, anhelaba ver ante sus ojos el rostro bondadoso y rudo de don Leovigildo, de aquel buen cura que tanto la acariciara de niña, al ver pasar al cual apresurábase siempre a separarse de sus compañeras de juegos y travesuras infantiles par ir a besarle la mano y a pedirle alguna estampita sagrada; a aquel bondadoso apacentador del rebaño de su pueblo, que había bendecido su unión con su Joseíto.
Es que como era un chiquillo notable por su fervor y su inteligencia, el cura que le había enseñado la doctrina se fijó en él, le escogió para ayudar a misa, y de monaguillo pasó a sacristán, y de sacristán a una plaza gratuita en el Seminario de Auriabella...
Caía el sol, y el cura, al transponer las últimas casas de Cebre, sintió que el corazón se le apretaba, y refrenó la yegua, mirando receloso alrededor.
Convencida de que no existía cura ni trajinero que se atreviese a salir solo de Cebre a tales horas, había licenciado hasta la mañana siguiente a su gavilla y se retiraba; al ver un barbilindo de curita que se aventuraba en el camino, había querido jugarle una pasada; pero el ruido del gatillo la hacía temblar y le aconsejaba como único recurso la fuga.
Minutos después, la yegüecita castaña del abad, viva y redonda de ancas, esperaba a la puerta del mesón. Despidiéndose de los asustados comensales, el cura montó y desapareció al trote.
Envidiable reputación tenía aquel facultativo, y justificólo de nuevo en la rápida y feliz primera cura que hizo a nuestro héroe, restañando la sangre de sus heridas con medicinas caseras, y reduciéndole y entablillándole la fractura de la pierna sin más auxiliares que las tres mujeres.
Pero su ánimo quedó quebrantado, su prestigio enflaquecido, deshecha su leyenda. ¡Vencida Pepona por una madamita de cura mozo! Y el nuevo capitán general que vino a Montañosa -veterano que gastaba malas pulgas-, tanto persiguió a la gavilla, que los señores abades pudieron volver en paz, ya anochecido, a sus rectorales.
-Pero ¿siguen esas relaciones? -Pos naturalmente que siguen; como que eso no lo cura ya mas que el cura. -Entonces, lo de Juanico el Alpargatero, ¿se acabó ya der to?
Allí figurarán los nombres del comandante Turcios Lima, del cura Camilo Torres, del comandante Fabricio Ojeda, de los comandantes Lobatón y Luis de la Puente Uceda, figuras principalísimas en los movimientos revolucionarios de Guatemala, Colombia, Venezuela y Perú.