Ejemplos ?
En la naturaleza no hay cosa tan sagrada a quien no acometa algún sacrilegio; pero no por eso dejan de estar en gran altura las divinas, aunque hay quien sin haber de hacer mella en ellas, acomete a ofender la grandeza superior a sus fuerzas.
Nada recuerdo de ese estado; y conservo de él, sin embargo, la impresión y el cansancio que dejan las grandes emociones sufridas.
Ratones, que no dejan cosa a vida.” Pusímonos a comer, y quiso Dios que aun en esto me fue bien, que me cupo más pan que la lacería que me solía dar, porque rayó con un cuchillo todo lo que pensó ser ratonado, diciendo: “Cómete eso, que el ratón cosa limpia es.” Y así aquel día, añadiendo la ración del trabajo de mis manos, o de mis uñas, por mejor decir, acabamos de comer, aunque yo nunca empezaba.
-dijo un lagarto-. Van ya dos noches que no me dejan pegar un ojo. Lo mismo que cuando me duelen las muelas, pues tampoco entonces puedo dormir.
A su largo (me agarras ¡Jo, jo, jo, jo!) como que las fachadas se descorren en medio de balcones y ventanas cayéndose de ropa húmeda y dejan ver portones derruidos de rucas vecindades entre anuncios de los más variados comercios que brindan sus productos a quienes pasan por ahí, como inocentes victimas de mis vecinos ratas.
Los reyes ó caudillos que no dirijan sus miras á nuestro bienestar, dejan de serlo, y el proporcionarnos toda clase de ventajas, prosperidad y seguridad, es la ley que les hemos impuesto y debemos con firmeza reclamarla.
Que a ti, si te concediera la que el santo Itono honra, la que nuestro linaje y las sedes de Erecteo defender asintió, que del toro asperjes con la sangre tu diestra, 230 entonces verdaderamente harás que en memorioso corazón por ti guardados estos mandados vivan, y ninguna edad los oblitere, de modo que una vez que nuestras colinas divisen tus luces, la funesta veste las entenas depongan de todas partes, y cándidas velas alcen las trenzadas maromas, 235 que tan pronto yo las divise, con alegre mente mis gozos reconozca, cuando a ti, de regreso, un tiempo próspero te asista.” Estos mandados, antes con constante mente teniendo, a Teseo, cual expulsadas por el soplo de los vientos las nubes la aérea cumbre dejan de un níveo monte, lo abandonaron.
Las obras maestras de la literatura, desarrolladas de tal manera ante los niños y jóvenes, dejan profunda huella e imborrable impresión.
Tú harás lo que él, sólo que como tú eres más tunante, tú te dirás: «Los ojos platican y no comprometen», porque los ojos no dejan rastro, y con los ojos se tantea er terreno y se sabe si se puée o no se puée entrar en vedao, y eso es lo que jacen los vivos como tú y no los tontos como el compadre.
Sá menester tamién saber de qué pie cojea er que viene a la casa, saber cuánto puée valer er chaleco y la leontina que traen, que dambas cosas son lo primerito que dejan en prenda, bailar y cantar lo menos posible, que al hombre jarto jasta su jálito le jiede; y sobre tó, hija mía, sobre tó en lo que resperta a lo otro, a lo de chipé sá menester no dar al orvio que a los hombres hay que trastearlos con muchísimo entendimiento, que los hombres tós o cuasi tós están pidiendo a voces una enjalma y un ronzal y una batícola.
–se preguntaba el abeto-. No son mayores que yo; uno es incluso más bajito. ¿Y por qué les dejan las ramas? ¿Adónde van?». -¡Nosotros lo sabemos, nosotros lo sabemos!
El que las ocasiona tiene por averiguación su mérito: nadie dirá que hay conjura, que no la haya en el castigo, aunque falte en la verdad. ¡Miserable estado el de los príncipes, que si no oyen las acusaciones, no pueden vivir, y si las oyen, no las dejan que vivan!