desaliento

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  • sustantivo

Sinónimos para desaliento

Ejemplos ?
Porque yo, nave en golfos de peligros, pino mi altivez errada, flor mi amor, mi daño estío, rayo el incendio del pecho, cristal el mar de suspiros, si encuentro por mis desgracias, entre males tan nocivos, para mi cristal invierno, para mi escollo desvíos, para mi sol triste ocaso, para mi nave bajíos, para mi flor desalientos, para mi verdor olvidos, todos aquestos contrarios de mi amor fieros ministros, me parecerán lisonja cuando los logre castigo.
—O sin la esperanza de que fuera mía. ¿Usted sabe lo que es entrever la redención de sí pro­pio y de todos los desalientos que marchitan la vida?
Poseía uno de los intelectos más autorizados de su tiempo, o quizás de cualquiera, y a pesar de todas las desventajas y desalientos que sufrió, hizo muchos descubrimientos y acercó muchos otros.
Los gobiernos también influyen el comportamiento más sutilmente, a través de incentivos y desalientos incorporados, por ejemplo, en sus políticas impositivas.
Las humillaciones, las confabulaciones, los desalientos y los hechos que padece le hace sopesar cada vez el valor del profundo amor.
Hipócrates, en sus Aforismos, caracterizó todos los "miedos y desalientos, si duraban mucho tiempo" como síntomas de la melancolía.
Hipócrates, médico de la Antigua Grecia, describió el síndrome de melancolía como una enfermedad diferente con síntomas mentales y físicos particulares. Hipócrates caracterizó como síntoma de la dolencia todos los “temores y desalientos, si duran mucho tiempo”.
En su informe militar se lee: «Actividad ejemplar, batallador, serenidad de mente, no toma en cuenta los desalientos, celoso, regular en el cumplimiento del deber, primero en cualquier empresa que requiera trabajo y arrojo».
Esa evolución es incipiente sin duda: en comparación de nuestro estado anterior al último tercio del pasado siglo, el camino recorrido es inmenso; y aun en comparación del camino recorrido en el mismo lapso por nuestros vecinos, y ése debe ser virilmente nuestro punto de mira y referencia perpetua, sin ilusiones, que serían mortales, pero sin desalientos, que serían cobardes, nuestro progreso ha dejado de ser insignificante.
Así se expresa en su discurso de defensa diciendo del idioma gallego que «relegado a la proscripción por los centros, que se dicen ilustrados, y casi exclusivamente consagrado a la satisfacción de las limitadísimas necesidades de nuestras clases agrícolas, parece renacer hoy al impulso de las famosas églogas de Pintos, de los tiernísimos cantos de Alberto Camino, de Eduardo Pondal y de Lamas Carvajal, de los intencionados epigramas de Añón, de las inimitables concepciones de Rosalía de Castro de Murguía, la simpática y elegante poetisa que ha sabido encerrar dentro sus Cantares Gallegos y de sus Follas Novas todas las esperanzas y todos los desalientos...