desconcertado


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  • adjetivo

Sinónimos para desconcertado

desmontado

Ejemplos ?
Parezco un puercoespín constantemente encolerizado. Debo confesar que me quedé un poco desconcertado, aunque al mismo tiempo me encantaba su sencillez.
?Saca tus cosas de aquí, limpia tu oficina y comunícate a personal?. Se alejó el sobrino desconcertado, Lupita observaba impávida….
Y en aquel éxtasis se encontraba el desconcertado, cuando un ruido infernal se inició taladrante en su cerebro, se sintió arrastrado por vientos huracánicos y algo lo cegó...
Yo estaba muy desconcertado pero la conducta inesperada de aquel hombre terminó de desconcertarme, y estaba a punto de escapar sin decir nada, para reflexionar en lo que debía hacer, cuando de la casa salió una señora con un pañuelo atado por encima de su cofia.
Todavía incrédulo, el desconcertado príncipe registró las habitaciones, y con el pretexto de la posible existencia de ladrones, asaltantes y otros intrusos de malas intenciones, registró el ala por los cuatro costados.
El voceador tiró el dinero a un bote para basura y desapareció tal como apareciera, de repente. Y el desconcertado quedó más confuso que antes, sumido en neblinas insondeables.
Pero Cohélet es un creyente, y si bien queda desconcertado ante el giro que Dios da a los asuntos humanos, afirma que Dios no tiene por qué rendir cuentas, 3 11.14; 7 13, que se han de aceptar de su mano tanto las pruebas como las alegrías, 7 14, que se han de guardar los mandamientos y temer a Dios, 5 6; 8 12-13.
Y por ello y ahora sí, desconcertado, creo que debo concluir mi testimonio, mientras sigo viviendo mi biografía inconclusa, frente al misterio del juicio pendiente de la historia.
Hay dos Venus aquí... El novio volvió bruscamente la cabeza, desconcertado, cosa que hizo reír a todo el mundo. – Sí, continuó Peyrehorade, hay dos Venus bajo mi techo.
El desconcertado quedó aún más al contemplar las ruinas de uno de los principales exponentes arquitectónicos de la metrópoli pasada.
Entre su nerviosismo y su natural torpeza al bajarse del carro, Peggotty estaba haciendo las contorsiones más extravagantes; pero yo estaba demasiado desconcertado para decirle nada.
Miss Murdstone sólo le contestó con un frío saludo, y míster Chillip, desconcertado, se fue a un rincón, llevándome consigo y sin volver a desplegar los labios.