descuidar

(redireccionado de descuida)
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  • verbo

Sinónimos para descuidar

abandonar

Sinónimos

Ejemplos ?
¡Su genio de demonio póneme el cabello de punta, y háceme temblar como una cervata! -Descuida, hermosa... -respondió el Capitán -que contigo seré más dulce y amable que con tu señorita.
Propicio a los buenos, admirado de los sabios, grato a los dioses, objeto de los deseos de los que todavía no lo tienen, precioso tesoro de los que lo poseen, padre del lujo, de las delicias, de la voluptuosidad, de los dulces encantos, de los tiernos deseos y de las pasiones; vela por los buenos y descuida a los malos.
Este animalejo es muy astuto y siempre que se ve irremediablemente perdido, finge estar muerto y cuando menos se lo espera uno, salta a toda velocidad y huye, o da unos mordiscos tan fuertes que quien se descuida puede perder hasta los dedos o un buen trozo de su carne.
Centrada en la enseñanza descuida las capacidades de aprendizaje de los educandos y no los guía para que por sí mismos reflexionen y aprendan tanto lo que les agrada como aquello que parecía fuera de su gusto y que con estrategias creativas cambiaron de opinión, pues con ellas les descubrieron atractivos imprevisibles.
Este tal sobrino es un mancebo que ha recibido una educación de las más escogidas que en este nuestro siglo se suelen dar; es decir esto que sabe leer, aunque no en todos los libros, y escribir, si bien no cosas dignas de ser leídas; contar no es cosa mayor, porque descuida el cuento de sus cuentas en sus acreedores, que mejor que él se las saben llevar; baila como discípulo de Veluci; canta lo que basta para hacerse de rogar y no estar nunca en voz; monta a caballo como un centauro, y da gozo ver con qué soltura y desembarazo atropella por esas calles de Madrid a sus amigos y conocidos; de ciencias y artes ignora lo suficiente para poder hablar de todo con maestría.
Esta fertilización artificial del suelo, función de un gobierno central, y en decadencia inmediata cada vez que éste descuida las obras de riego y avenamiento, explica el hecho, de otro modo inexplicable, de que encontremos ahora territorios enteros estériles y desérticos que antes habían sido excelentemente cultivados, como Palmira, Petra, las ruinas que se encuentran en el Yemen y grandes provincias de Egipto, Persia y el Indostán.
IV - Si un funcionario, o quien haga sus veces, descuida la obligación de responder al mandamiento de “habeas corpus”, o no vuelve a presentar al preso a petición de este o quien lo represente, o si no entrega en el termino de seis horas copia del auto de prisión, pagara a la parte perjudicada cien libras por la primera infracción y doscientas por la segunda, quedando inhabilitado para ejercer su cargo; estas condenas serán requeridas por el querellante o sus apoderados contra el delincuente, en forma de acción personal, ante cualquiera de los tribunales de Westminster.
-exclamo Zama con terror-. ¡El renegado de quien me has dicho...! -Descuida... -interrumpió Manos-gordas-. ¡Hoy puedo yo más que él!
Yo he procurado de nunca hasta hoy haber dejado andar la gente fuera de aquí sin yo ir delante, ora fuese de noche o de día, andando por ríos y ciénagas de esta tierra no crea Vuestra real Alteza que es tan liviano que nos andamos ahogado, porque muchas veces no acaece ir una legua y dos y tres por ciénagas y agua desnudos y la ropa cogida puesta en la tablachina encima de la cabeza, y salidos de unas ciénagas entramos en otras y andar de esta manera dos y tres y diez días y si la persona que tiene cargo de gobernar esta tierra se descuida con algunas personas y se queda en casa...
Y no entro con ellos en pelea para decirles cuatro cosas que se me vienen a las mientes, porque tal vez lo vaya haciendo insensiblemente, y sobre todo, porque me llaman al orden los asuntos del mayorazgo, los tacos de sus dos mozos de labranza, y los aspavientos de su ama, a causa, de que, con sus recientes ilusiones, el solariego descuida el caballo, no siega nunca el retoño, deja todo el peso de la labranza a los criados y no habla más que de Madrid y de su amigote.
Pie con pie, mano con mano, al muelle, lánguido empuje, la lleva en pos blandamente, la suspende y la sacude. Ella, adormecida, suelta, sobre brazo tan ilustre, más se abandona y descuida, porque más él la asegure.
Un domingo, en momentos que Bolívar iba a montar en el coche, llegó Lara a Palacio y el Libertador le dijo: — Acompáñame, Jacinto, a hacer algunas visitas, pero te encargo que estés en ellas más callado que un cartujo, porque tú no abres Ia boca sino para soltar alguna barbaridad; con que ya sabes, tu consigna es el silencio; tú necesitas aprender oratoria en escuela de sordomudos. — Descuida, hombre, que sólo quebrantaré la consigna en caso de que tú me obligues.