despropósito

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Ejemplos ?
El instrumento del que se vale para provocar la carcajada es el lenguaje: los dobles sentidos, las frases hechas, los despropósitos y los chistes.
Éste, enfurecido, la emprende a golpe de porra con madre e hija. Pero ese será solo el principio de una larga trama de despropósitos, cachiporrazos y gritos.
Un semario satírico bajo el seudónimo de “Joseph de la Serna”. Su propósito fue reírse de aquello que mereciese la risa y ponerse serio ante los despropósitos.
Esta injusticia, tantas veces cometida en el análisis historiográfico de los estilos marciales genera una importante desinformación que, a la larga, afecta al sentido y a la realidad práctica del arte marcial estudiado: aparición de líneas genealógicas desconocidas e indeterminadas, modificaciones de las técnicas o de su sentido con alusión a maestros inexistentes o sin relación directa con los creadores del estilo, y un largo etcétera de despropósitos que finalmente impedirán una visión objetiva por parte del interesado.
En primera ronda de playoffs, los Indiana Pacers fulminaron 4-1 a un equipo que tuvo la ausencia de Howard, por una hernia discal, cerrando así una temporada llena de despropósitos.
La misoginia del Espill es tan exagerada que tenía que provocar una sonrisa en el público contemporáneo. Esta es precisamente la gracia de la obra, que está escrita de forma que los despropósitos dan risa.
En el café donde se desarrolla la acción se produce una animada discusión entre partidarios y detractores de la comedia, que representa el tipo de teatro que triunfaba entonces en los escenarios madrileños. Así consigue Moratín, mediante un artificio metateatral, dar idea de los absurdos y despropósitos del teatro de su tiempo.
Por su parte Fanzine digital afirma que, a pesar de «conservar la misma chispa y esa afición a desmitificar y presentar un lado cutre que tan bien plasmaba el ilustre dibujante», únicamente se «limita más a un espectáculo imparable de josconcios, despropósitos y peleas, que de la risa inicial por la contundencia, acaba por convertirse en algo cotidiano que agota a partir de la primera hora», llegando a la conclusión de que era inferior a la ópera primera del director.
Y para culmen de despropósitos el convocar a un consejo de guerra a sus oficiales inferiores era una potestad que correspondía al general comandante del ejército —a él—, que aunque no hubiera recibido la patente oficial de Carlos de Austria su ministro Ramón de Vilana Perlas le reconocía como tal en sus cartas, y que sus oficiales inferiores nada iban a votar, sobre nada, debiendo obedecer, únicamente, lo que él ordenase como a jefe militar.
Ya anteriormente, en 1926 siendo Concejal, debido a un incorrecto procedimiento de la clase política de su tiempo que removió arbitrariamente a un empleado del Tribunal de Cuentas, que ponía de manifiesto las maniobras de baja politiquería, a fin que no se hiciera luz sobre numerosas irregularidades en las que había incurrido el Consejo Deliberante, como el Poder Ejecutivo, constituyendo un grosero atropello contra el espíritu de la Ley, por reconocer que así, era imposible que estos organismos pudieran llenar su cometido honradamente, por inclinar su cabeza obsecuentemente y prestar atención a los mayores despropósitos...
Para colmo de despropósitos, la escuadra de vanguardia quedó aislada del combate y se alejó considerablemente del centro de la batalla aun a pesar de las explícitas órdenes generales que dictaban que «si un capitán no está en el fuego, diríjase al fuego».
Memoria, divagación, periodismo (Pamiela, 1996). Textos y pretextos (Bermingham, 1996). Despropósitos (Pamiela, 1997). Tierraestella (Bermingham, 1998).