Ejemplos ?
¡Ah, mi querido Simmias!, es preciso creer que irá con una gran voluptuosidad si verdaderamente es un filósofo, porque estará firmemente convencido de que sólo en los infiernos encontrará la pura sabiduría que busca. Y siendo así, ¿no sería extravagante, como dije, que un hombre tal temiera a la muerte?
-¡Y poco clarito que me lo soltó la gachí, camará!, tan clarito y con un retintín tan esaborío que a mí se me emberrenchinó tantísimo la sangre, que se me fué una miajita la singüeso y algo apostaría yo a que le dije algo que no le debí decir, u sea, que al que yo viese esta noche arrimao a su reja, a ése lo diba yo a pegar como si fuera goma laca a los hierros de un guantazo.
--¡Qué tristes ideas! (dije yo no sin susto.) Mañana sobreviviremos los dos a la batalla. --Pues emplacémonos para después de ella...
¡Si en todo el mes que entra no me ahorcan, te ahorco yo a ti, tan cierto como ahorcaron a mi padre! Si muero para esa fecha, quedarás libre. - ¡Muchas gracias! -dije yo en mi interior-. ¡Me perdona... después de muerto!
Sí que lo creía. -¿Cómo, le dije, no sabes, Glauco, que hace ya unos años que Agatón no ha puesto los pies en Atenas? De mí puedo decirte que no hace todavía tres que frecuento a Sócrates y que me dedico a estudiar diariamente sus palabras y todas sus acciones.
En seguida supe que iban a ser fusilados veintiún prisioneros. Un presentimiento se levantó en mi alma. ¿Será Basilio uno de ellos?, me dije. Corrí, pues, hacia el lugar de la ejecución.
tro día, no pareciéndome estar allí seguro, fuime a un lugar que llaman Maqueda,adonde me toparon mis pecados con un clérigo que, llegando a pedir limosna, me preguntó si sabía ayudar a misa. Yo dije que sí, como era verdad; que, aunque maltratado, mil cosas buenas me mostró el pecador del ciego, y una dellas fue ésta.
Destas tenía yo de ración una para cada cuatro días; y cuando le pedía la llave para ir por ella, si alguno estaba presente, echaba mano al falsopecto y con gran continencia la desataba y me la daba diciendo: “Toma, y vuélvela luego, y no hagáis sino golosinar”, como si debajo della estuvieran todas las conservas de Valencia, con no haber en la dicha cámara, como dije, maldita la otra cosa que las cebollas colgadas de un clavo, las cuales él tenía tan bien por cuenta, que si por malos de mis pecados me desmandara a más de mi tasa, me costara caro.
Desde luego, me dije, es preciso que a este cochero se le haya nublado el entendimiento para haberme traído, después de tantas vueltas, al punto de partida.
Y porque dije de mortuorios, Dios me perdone, que jamás fui enemigo de la naturaleza humana sino entonces, y esto era porque comíamos bien y me hartaban.
Yo se la cogí; medité un momento; conocí que estaba en el caso de hablar formalmente, y le dije con todas las veras de mi alma: - Parrón, tarde que temprano, ya me quites la vida, ya me la dejes..., ¡morirás ahorcado!
Temo, dije a Sócrates, no ser como quisieras que fuese sino más bien, según Homero, el hombre adecuado que se presenta en el comedor del sabio sin estar invitado.