encender

(redireccionado de encendí)
También se encuentra en: Diccionario.
  • all
  • verbo
  • pronominal

Sinónimos para encender

incendiar

Antónimos

excitar

ruborizarse

Ejemplos ?
Abrí la puerta y entré en aquella casa, donde corrieron tan dichosos los días de mi infancia, bajo el ala del ángel que había volado al cielo, después de haberme llorado y esperado en vano. Encendí luz, y tendí en torno una dolorosa mirada.
Como creí que se trataba de un monólogo, en el cual no tenía más papel que el de oyente, saqué un cigarrillo, lo encendí con calma, le arrojé el fósforo a un queltehue que corrió a picotearle y me entretuve con mis pensamientos.
Me acerqué entonces a la ventana y encendí otra vela que había traído de repuesto, esperando por momentos que un paso de mi compañero me revelara que había llegado el momento de la lucha...
Prosiguiendo en la narración de mi inclinación, de que os quiero dar entera noticia, digo que no había cumplido los tres años de mi edad cuando enviando mi madre a una hermana mía, mayor que yo, a que se enseñase a leer en una de las que llaman Amigas, me llevó a mí tras ella el cariño y la travesura; y viendo que la daban lección, me encendí yo de manera en el deseo de saber leer, que engañando, a mi parecer, a la maestra, la dije que mi madre ordenaba me diese lección.
Corrí a auxiliarles, pero no hubo lugar, porque ni dos minutos tardarían en volver con un prisionero, fuertemente amarrado. Encendí un fósforo para verle bien, y lancé una exclamación de sorpresa.
Una noche, por último, aguijoneado por la curiosidad y deseando convencerme por mi mismo de que aquel objeto de terror nada tenía de misterioso, encendí un linterna, bajé a las prisiones, levanté sus dobles aldabas y, no cuidando siquiera (tanta era mi fe en que todo no pasaba de un cuento) de cerrar las puertas tras mí, penetré en el calabozo.
Cuando encendí la luz cayó en arrebatos de admiración ante mis habitaciones; y cuando hice el café en un sencillo cacharro de estaño, que a mistress Crupp le gustaba muy particularmente para aquel use (quizá porque no estaba hecho para eso, sino para calentar el agua de afeitarse, y quizá porque había una cafetera de gran precio oxidándose en la despensa), manifestó tal emoción, que tuve gams de vertérsela en la cabeza para escaldarle.
Esa noche no encendí la luz de mi cuarto, y al tantear los muebles tuve el recuerdo de otra noche en que me había emborrachado ligeramente con una bebida que tomaba por primera vez.
Más valía que se incendiara mi casa, a que todos aquellos infelices pereciesen. Encendí el fuego, vi la roja llama, salí a la puerta...
Después que encendí el cigarro que él me hubo ofrecido, Rigoletto apoyó el corto brazo en mi mesa y di jo: –Yo soy enemigo de contraer amistades nuevas porque la gente generalmente carece de tacto y educación, pero usted me convence....
y quién va a sospechar de unos muchachos. El proyecto hay que estudiarlo. Encendí un cigarrillo, y al resplandor de la ceriila descubrí una escalera de mármol.
Estremecido de odio, encendí un cigarrillo y malignamente arrojé la cerilla encendida encima de un bulto humano que dormía acurrucado en un pórtico; una pequeña llama onduló en los andrajos, de pronto el miserable se irguió informe como una tiniebla y yo eché a correr amenazado por su enorme puño.