enfadarse


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Sinónimos para enfadarse

Ejemplos ?
El leñador acabó por enfadarse, pues su mujer repitió más de veinte veces que ya había pronosticado que se arrepentirían de lo hecho, y la amenazó con pegarla si no callaba.
Creyéndose en el deber de prodigar al médico las mayores cortesías posibles por su luto reciente, le rogó que no se descubriera, le habló en voz baja, como si hubiera estado enfermo, e incluso aparentó enfadarse porque no se había prepárado para él algo más ligero que para los demás, como unos tarritos de nata o unas peras cocidas.
Si el primero pregunta qué obstáculos hay, el otro tiene que decir que no se lo dirá en su vida. Si el primero insiste, uno tiene que enfadarse, si continúa apretando entonces hay que matarlo.
En verdad te digo que nadie de tu generación me conoce. Cuando sus discípulos escucharon esto comenzaron a irritarse y enfadarse y a blasfemar contra El en su interior.
En carnaval era el que ponía las mazas a todo el mundo, y aun las manos encima si tenían la torpeza de enfadarse; si era descubierto hacía pasar a otro por el culpable, o sufría en el último caso la pena con valor y riéndose todavía del feliz éxito de su travesura.
¡Qué calavera! ¿Cuándo ha de sentar usted la cabeza?» Cuando se concede que un hombre está loco, ¿cómo es posible enfadarse con él?
Se echó a reír con nosotras, sin enfadarse, lo que es verosímil sin embargo que hubiese hecho si hubiese empleado los mojones en otra cosa distinta a la de tirarlos.
Pero, entre tanto, nuestro discurso abrazará lo uno y lo otro; porque si es cierto lo que entre ellos se lee de la madre de Eneas y del padre de Rómulo, ¿cómo pueden los dioses enfadarse de los adulterios de los hombres, sufriéndolos ellos entre sí con tanta conformidad?
De un momento a otro iba a enfadarse, y si él se enfadaba de veras, ¡pum!, de la primera patada iba la Loca y sus cachorros a estrellarse en la pared de enfrente.
Ofendido por los obsequios, que su amada parecía admitir con agrado; y no siéndole permitido enfadarse en una reunión de buen tono, recurrió al arma del ridículo para vengarse de su rival.
La burla grosera del gaucho, que consistía en darle golpes, en martirizarlo físicamente, ya que la idiotez de Cirilo le impedía comprender y por lo tanto enfadarse por los dicharachos.
Pero como no lograra apresar ninguna de aquellas ligeras zancudas, llegó a enfadarse y se le ocurrió descargar su mal humor sobre el huérfano, a quien acusaba de torpe y de no haber espantado bien los bípedos.