erguido


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  • adjetivo

Sinónimos para erguido

derecho

Antónimos

Ejemplos ?
En este laboratorio de energías, se han levantado espíritus e ideas, que antes de entronizarse en el bronce y en el mármol, se han erguido en el corazón de todo un pueblo, para que las nuevas generaciones, sigan esculpiendo con diamante, en las páginas humanas, el esfuerzo de sus hijos, la bondad y belleza de sus mujeres; la hospitalidad y alegría de todos, con la luz heráldica de sus triunfos; con el talento de sus hombres y «mujeres, el esfuerzo de sus músculos y el contenido virtual de la tierra del Bachiller Juan de Loayza y de la actual Ciudad progresista del DR.
Tierra que ha sabido fructificar el sudor de sus hombres esclavizados por la opresión y el fulgor de la sangre derramada por aquéllos que la soñaron tal cual siempre se ha erguido, aunque a los tránsfugas no les parezca así: magnánima, augusta, orgullosa de su pasado, consciente de su presente y sin temores ante lo futuro.
Se olvida que la lengua y los lenguajes, los objetos–lenguaje, la unidad de todos ellos, pueden ser los retos para esa imaginación, fantasía, inteligencia y voluntad del joven de nuestro tiempo, sometido a la influencia, las más de las veces perniciosa, de esa cuasi escuela, global o multimedia arriba mencionada, en que se han erguido los medios de difusión masiva de la información y que algunos enceguecidos dicen que no existe, “aunque se mueven” su poderes seductores con rotunda evidencia.
Vuestra tirana exención y ese vuestro cuello erguido estoy cierto que Cupido pondrá en dura sujeción. Vivid esquiva y exenta; que a mi cuenta vos serviréis al amor cuando de vuestro dolor ninguno quiera hacer cuenta.
Tú tejes al verano su guirnalda de granadas espigas; tú la uva das a la hirviente cuba; no de purpúrea fruta, o roja, o gualda, a tus florestas bellas falta matiz alguno; y bebe en ellas aromas mil el viento; y greyes van sin cuento paciendo tu verdura, desde el llano que tiene por lindero el horizonte, hasta el erguido monte, de inaccesible nieve siempre cano.
Y son las heredades con que cuenta y aquí vive, el amarre y el pegote, y su casa y su honor, que pone en venta. ¿Ves aquel otro, erguido de cogote, que también opulento y sin empleo sabe existir?, pues ese es un pegote.
Se echó a sus pies, le confesó el delito, le ofreció devolver toda la plata robada y darle una gran regalía si no los delataba. Pasados los tres días, el Rey mandó que trajesen al zahorí a su presencia, el que se presentó tan orondo y tan erguido.
Parece que aún le veo. Era un hombre de - pequeña estatura, de cuerpo erguido y de rostro altivo. Después que nos escuchó, llamó al escribano Barcala, padre del pardo don Lorenzo Barcala, que se distinguió después en la guerra: —Vaya usted, le dijo, con este reloj, y sacó él que tenía en el bolsillo, a la cárcel, en compañía de los padres que están aquí: cuando entre usted a ella, ábralo y vea el punto de la hora que marca el minutero, y dos horas después haga que sean ejecutados los Carrera.
Su elegante torso, cautivo en la sencilla casaca de negro paño, masculinamente desdeñosa de todo adorno, jamás se había erguido tan airosamente sobre el diminuto sillín.
Gritó, por fin, y estas fueron las palabras que profirió su boca: —No fue así ciertamente como llevó sobre los hombros la amorosa carga el toro que, al través de las olas, condujo a Creta la ninfa Europa; como, nadando me transporta a mí sobre los suyos esta rana que apenas levanta el amarillo cuerpo entre la blanca espuma. De súbito apareció una hidra, con el cuello erguido sobre el agua ¡Amargo espectáculo para entrambos!
Vese en medio de la arena, furia y humo respirando, los ojos como dos brasas, los cuernos ensangrentados, con la pezuña esparciendo ardiente polvo, el más bravo retinto, a quien dio Jarama hierba encantada en sus campos. Aún no estrenó la almohadilla de su cuello erguido y alto, hierro alguno, ni ha embestido una sola vez en vano.
Daré un carro y dos corceles de erguido cuello, los mejores que haya en las veleras aqueas, al que tenga la osadía de acercarse a las naves de ligero andar —con ello al mismo tiempo ganará gloria— y averigüe si éstas son guardadas todavía, o los aqueos, vencidos por nuestras manos, piensan en la fuga y no quieren velar porque el cansancio abrumador los rinde.