espada


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Sinónimos para espada

Ejemplos ?
Aumentó la lluvia, y cayó al fin como si la echaran a cántaros, paró toda el agua con su espada, y permaneció hasta el fin, mojándose tan poco como si hubiera estado a cubierto dentro de un cuarto.
Pero cuando Eva cogió el fruto de la ciencia del bien y del mal, y cuando ella y Adán fueron arrojados del Paraíso, de la flamígera espada del ángel cayó una chispa en el nido del pájaro y le prendió fuego.
¡On blonda Castellana, que en los torneos galantes aclamaron la Reina de Belleza sin par, los bravos fijosdalgos, los de los tiempos de antes, los de la espada al cinto, los del porte elegante, que por una sonrisa se dejaban matar.
Bajan dos más, y aun más hubieran sido, si estos primeros no plantan batalla; pero disuaden con la espada al resto, cortan el cable, y nos marchamos presto.
Rodomonte, al que abrasa orgullo y furia, ya ha limpiado la plaza de canalla: la espada en una mano ahora blande, con la otra el fuego abrasador expande.
Y libre, o en cadena, y aun alzada sobre su cuello la funesta espada, en noble impavidez antes la frente a la ceñuda adversidad humilla que a un risueño tirano la rodilla.
No hay piedra, almena, viga, arco o ballesta o cosa que sobre él golpee o caiga, que de la puerta en la que el puño asesta, la frente, el pie o la espada, lo distraiga.
Bien te llevan tus pasos, como dotados del buen olfato de una perra de Laconia: poco hace que esta dentro el hombre, con el rostro bañado en sudor y de sangre las manos que a espada han matado.
Quien fuera a defenderlo ante la grada podría haberlo al corcel atribuido; mas fue después tan torpe con la espada, que no le habría Demóstenes valido; pues teme cada tajo o estocada como si fuese de papel vestido.
La espada que blandiera Bolívar en Junín, y Sucre en Ayacucho, con toda heroicidad, fue tu espada que un día se hiciera eternidad en Bailén y Numancia, Lepanto y San Quintín!
Mas poco vale tal contra la espada, que al aire blande el musulmán robusto: se ve aquí media pierna cercenada, una cabeza allí lejos del busto; cortar a uno por medio de la ijada, partir a otro del casco al vientre justo; mas de tantos que lleva al postrer trance, no halla ninguno al que de frente alcance.
530 rindió la espada a mi ruego, mucho más que a sus contrarios. Prendiéronle, en fin; y a mí, como a ocasión del estrago, viendo que el que queda muerto era don Diego de Castro, mi primo, en tu noble casa, señora, depositaron mi persona y mis desdichas, donde en un punto me hallo..