espalda


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Sinónimos para espalda

costillas

Sinónimos

caerse de espaldas

Sinónimos

volver las espaldas

Sinónimos para espalda

dorso

Sinónimos

Ejemplos ?
Te cantó la Marsellesa, y tú besaste la pluma que se desprendió de su ala; vino en todo el esplendor paradisíaco, y tú le volviste tal vez la espalda para contemplar el gorrión que tenía espuma dorada en las alas.
Entonces, los duendecillos se deslizaron en los capullos de las flores, y el viento se hizo cargo de sus puentes y palacios, que volaron por los aires convertidos en telarañas. En éstas, Juan había salido ya del bosque cuando a su espalda resonó una recia voz de hombre: -¡Hola, compañero!, ¿adónde vamos?
Había llegado el momento de comerse los confites, lo que provocó bastante ruido y confusión, pues los pájaros grandes se quejaban de que sabían a poco, y los pájaros pequeños se atragantaban y había que darles palmaditas en la espalda.
No es admirable: en lo mismo todos caemos y no hay nadie a quien no en alguna cosa ver a un Sufeno puedas. El error suyo a cada uno atribuido ha sido, pero no vemos del costal lo que en la espalda está.
Se acerca a la puerta de la tienda para que, de dentro, pueda Áyax oírle :: Oye, tu, tu que tienes a su espalda atadas las manos de tus prisioneros, a Áyax digo, te mando que salgas, que vengas aquí a la puerta de tu tienda.
Pero tus ojeras se van agrandando Y tu pelo negro va siendo de plata; Tus senos resbalan escanciando aromas Y empieza a curvarse tu espléndida espalda.
Áyax ::... de bañar de sangre su espalda, hasta su muerte, con este látigo. Atena ::No le tortures así, hasta este extremo, pobre.
—Sé —dijo Daniel levantándose y dándole un golpecito en la espalda—, sé más que tú, que nada sabes ni nada sabrías si no hubiese llegado la hora de decirlo todo...
El sol estaba ya muy alto sobre el horizonte cuando se sentaron al pie de un árbol para desayunarse; y en aquel mismo momento se les acercó una anciana que andaba muy encorvada, sosteniéndose en una muletilla y llevando a la espalda un haz de leña que había recogido en el bosque.
Su compañero lo levantó con cuidado de la silla y lo llevó a la cama; luego, cerrada ya la noche, cogió las grandes alas que había cortado al cisne y se las sujetó a la espalda.
Aquella noche, Juan se acostó pronto; rezó su oración vespertina y durmió tranquilamente, mientras su compañero, aplicándose las alas a la espalda, se colgaba el sable del cinto y, tomando las tres varas, emprendía el vuelo hacia palacio.
Tiene César en la mano la empuñadura de la espada que le hirió, y la punta en la espalda, y pregunta gritando al homicida lo que hace, habiéndoselo dicho el golpe y la sangre.